Lunes, 25 de Septiembre de 2017 Actualizado: 00:52 h.

La homeopatía: ¿tratamiento médico o superchería engañosa?

“La homeopatía (del griego ὅμοιος [hómoios], ‘igual’, y πάθος [páthos], ‘dolencia’) es un sistema de medicina alternativa creado en 1796 por Samuel Hahnemann basado en su doctrina de «lo similar cura lo similar», que sostiene que una sustancia que cause los síntomas de una enfermedad en personas sanas curará lo similar en personas enfermas.​ La homeopatía es una pseudociencia: una creencia que es presentada falsamente como ciencia. Las preparaciones homeopáticas no son efectivas para tratar ninguna enfermedad; estudios a gran escala han demostrado que los remedios homeopáticos no son más efectivos que los placebos, lo que sugiere que cualquier sensación positiva posterior al tratamiento solo se debe al efecto placebo y la recuperación normal de la enfermedad.”

La sonrisa de Krahe

“Lo quise tanto que lo odiaba a veces
porque era tan mejor que me borraba,
multiplicó mis panes y mis peces
y temprano acabó lo que se daba”.

(Joaquín Sabina)

De la religión a otras supercherías

Hoy se cumplen 191 años de la última tropelía de la Inquisición. Este mismo día, en 1826, Cayetano Antonio Ripoll tendría el dudoso honor de convertirse en el último condenado a morir como hereje en el execrable Tribunal de la Santa Inquisición. Era maestro de escuela y, según la Junta de Fe de la Diócesis de Valencia, cometía un delito a todas luces imperdonable: “No creía en Jesucristo, en el misterio de la Trinidad, en el de la Encarnación del Hijo de Dios, en el de la Sagrada Eucaristía, ni en la Virginidad de María Santísima (preñada por una paloma, dicho sea de paso), ni en los Santos Evangelios ni en la infalibilidad de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana; no cumplía el precepto pascual, impedía a los niños dijesen ‘Ave María Purísima’ y que hiciesen la señal de la cruz, que no era necesario oír misa para salvarse y retraía a los mismos a dar la debida adoración al Señor Sacramentado, cuando era llevado para administrar el viático a los enfermos”.

¿Qué nos puede deparar el neoliberalismo en la era Trump?

El neoliberalismo, tal como lo hemos conocido, se instala en el mundo en los años 80 del siglo pasado de la mano de los gobiernos de Margaret Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan en los Estados Unidos. Hasta el año 2016, tuvo dos rasgos esenciales. En primer lugar, la hiperconcentración del ingreso y la riqueza en manos de muy pocos individuos. En segundo lugar, el predominio del sector financiero sobre la economía real. Un tercer elemento, tal vez menos significativo que los anteriores, es el de la proliferación de tratados de libre comercio (TLC), que cada vez tienen menos de comercio, y más de temas como los de la protección de inversiones y la propiedad intelectual.

De las cenizas de Suresnes a la demolición de Ferraz

Hace justamente dos años, cuando se me daba por primera vez la oportunidad de escribir en un medio de comunicación digital, y cuando los desafíos independentistas empezaban a tomar cuerpo en forma de consultas soberanistas, alertaba de que, con la irrupción de Podemos y la voladura controlada del régimen del 78, la conmemoración de los 40 años del Congreso de Suresnes cambiaría radicalmente la trayectoria de un PSOE relegado a un segundo plano durante los años más negros de la dictadura, aunque situado años después en el epicentro hegemónico de la izquierda española, pero al que, en las coordenadas temporales y sociopolíticas de 2014, tenía  ya poco sentido rendirle honores. Y por lo visto, el tiempo me dio la razón.

La usura bancaria: nuestros ahorros, su botín

La sociología del consumo, derivada del Segundo Proceso de Revolución Industrial atraído por el surgimiento del fordismo y el taylorismo como fenómenos inexcusables de la producción en cadena, y la introducción del concepto de globalización que describen sociólogos como Castell a principios de los 80 de siglo pasado, hacen advertir e las arteras consecuencias que su progresiva implantación habría de traer sobre las estructuras sociopolíticas del mundo actual, de nuestro país y del comportamiento de consumidores en particular.

Nos toman por tontos

Hace ya algunos días, aunque no daré datos concretos de la situación que lo desencadenó, tengo la medida impresión de que nos pretenden hacer pasar ciudadanos aborregados o por individuos de cortas  entendederas. Este fenómeno ocurre, cuando tienes la sensación de que, bajo las altisonantes diatribas de alguien con cierta proyección política,  te están tomando el pelo y sin embargo, no debes darte por aludido por miedo a reproches fariseos de vanidad y egolatría. Tal vez, no sea algo personal, sino el sentimiento desatado en una nada desdeñable cantidad de personas que, con ciertas dosis de desesperación tranquila y enfurruñada perplejidad, contemplan la desvergüenza inaudita de un poder al que muchos le ríen las gracias como si creyeran que la mejor fórmula para engañarse a sí mismos, consiste en tratar de engañarnos a todos.