martes 14.07.2020

Confieso que he pactado

He de reconocer que soy un político clásico que se ha fijado siempre más en la forma de hacer política de las primeras décadas de la democracia que en el espectáculo del rifirrafe a la que se ha visto degradada hoy, en gran parte, por las presiones radicales enraizadas tras las diversas crisis que nos golpean en la última década.

Un día en la sede de Ferraz, Alfredo Pérez Rubalcaba me confesaba que nunca había terminado un debate en el Congreso de los Diputados en el que, escuchados los argumentos de los adversarios, no hubiera visto moldeada su posición.

Eran los tiempos en los que los partidos profundizaban y subían a la tribuna pensando en convencer al que le escuchaba. En esos debates políticos, predominaba el sustantivo sobre el adjetivo, la propuesta sobre el calificativo. Ahora para escuchar una propuesta tenemos que pasar, previamente, por una retahíla de insultos, democráticamente insoportables.

En ese manual de los clásicos, se establecía que, en los momentos clave, las decisiones tenían que ser compartidas porque las consecuencias de tomarlas o no serían generalizadas para la ciudadanía. Y sin duda, vivimos uno de esos momentos por las consecuencias sanitarias, sociales y económicas, y por los cambios obligados y las adaptaciones que debemos hacer tras la COVID-19.

Esa es la filosofía con la que el Gobierno de Castilla-La Mancha está actuando en su construcción de una gran agenda de la recuperación con sindicatos, empresarios, diputaciones provinciales y, desde ayer, con las fuerzas políticas (menos el PP, por autoexclusión).

Y vendrán muchos más acuerdos, todos enriqueciendo a todos, porque en circunstancias como esta, que todos compartamos nuestra inteligencia, nuestra buena fe y nuestra fuerza hará que caminemos más seguros, vayamos más rápido y lleguemos más lejos.

Gracias al acuerdo y al consenso se pueden hacer mayores esfuerzos, pero sobre todo se puede ser más eficaz. ¿Quién mejor que los agentes sociales para saber dónde es más eficaz poner el dinero disponible? ¿O no es más probable acertar si en una medida están de acuerdo muchas organizaciones que solo una?

Y estamos llegando más lejos y ayudando a más personas. Por ejemplo, en Castilla y León han acordado una ayuda para los autónomos de 300 euros por una cuantía total de 10 millones. En Castilla-La Mancha gracias a la concertación social las ayudas son de 1.500 euros y el esfuerzo global supera los 35 millones.

O en la Comunidad de Madrid, donde se ha decidido tomar medidas económicas contra la COVID-19 destinando 4,6 euros cada 100.000 habitantes (350 millones en total), mientras que en Castilla-La Mancha triplicamos esos esfuerzos destinando 12,05 euros por cada 100.000 habitantes, tres veces más que Madrid.

Pactamos y acordamos para hacer las cosas en esta región de manera diferente a como el Partido Popular gestionó la última crisis económica: contra todos y sin ayudar a nadie.

Es una enmienda a la totalidad a los recortes, a la política sin cabeza y sin corazón. Queremos demostrar que reforzando los servicios públicos en vez de esquilmándolos; con diálogo social en vez de conflicto; con mejor sanidad pública y no con ella privatizada; con planes de empleo e ingresos mínimos, en vez de abandonar a los que sufren a su mala suerte, podremos salir más rápido y más fuertes de la crisis.

La caída de los ingresos públicos está siendo histórica y, ante ese hecho, solo hay dos decisiones posibles: recortar los gastos hasta llegar al tuétano como hicieron los gobiernos del Partido Popular en 2015, o reactivar desde lo público la economía, ayudando y aliviando a los autónomos, promoviendo planes de empleo, y manteniendo los estabilizadores automáticos de renta y los servicios públicos esenciales como haremos con el Gobierno de Page y con el acuerdo de todos los demás, menos uno, el de siempre.

Pero esta vez el Partido Popular ha ido más lejos. Era de esperar que no se sumaran a reconstruir aquello que, cuando pudieron, destruyeron. Pero podían haber sido más serios: ir a seis reuniones con los otros equipos negociadores y no decir nada, ni presentar ninguna propuesta -como atestiguan el resto de interlocutores- y no enviar nunca sus propuestas a los otros negociadores mientras afirman tener 300 ideas, es más una infantilidad que una falta de respeto. Ni Gobierno, ni PSOE, ni Ciudadanos, ni agentes sociales hemos recibido nunca un documento para negociar del Partido Popular. Y nunca en la historia se ha visto una negociación o un acuerdo en base al aire, o a Twitter.

Después de nueve años en el Parlamento Europeo, negociando en no menos de cincuenta ocasiones con partidos de 28 países diferentes, es la primera vez que veo esta falta de seriedad en una negociación por parte de alguien. Ni los del Frente Nacional o el Cinco Estrellas vacilaron nunca a los restantes equipos de negociación.

Dice Francisco Nuñez, líder del PP en Castilla-La Mancha, que Page no ha tenido voluntad de negociar. Me recuerda a la anécdota de aquella madre que, en la jura de bandera de su hijo, le veía desfilar con el paso cambiado al resto del escuadrón mientras que le aplaudía a rabiar diciendo “qué bien desfila mi hijo, y qué equivocados están todos los demás”.

Eso es lo que le pasa al PP de Nuñez, que ve cómo toda la sociedad de Castilla-La Mancha adapta sus pasos, la dirección de los mismos y acelera el ritmo para unirse en la lucha contra la COVID mientras que él se empecina en continuar con el paso cambiado.

Eso sí, los más radicales de los suyos le confiesan “qué bien desfila nuestro Paco”. Yo prefiero confesarles a ustedes que, por el bien de Castilla-La Mancha y sus gentes, nosotros sí que hemos pactado.


Sergio Gutiérrez Prieto
Diputado por Toledo y secretario de Organización del PSOE de Castilla-La Mancha

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