lunes 16.09.2019

Políticas que fomentan el pesimismo juvenil

A propósito de los Juegos Olímpicos que han finalizado esta madrugada, leí hace unos días un artículo, cuyo autor afirmaba que España sigue siendo un país de Quijotes. Una afirmación orientada a explicar que, a pesar de que el deporte de nuestro país se mueve por la inercia de políticas obsoletas, de los sucesivos recortes al sector y de la escasez de otras vías de financiación para el alto rendimiento deportivo, seguimos teniendo éxitos y celebrando los triunfos de Belmonte, Nadal, Marín, Chourrout, Beitia, las chicas del baloncesto, etc. Quijotes en definitiva. Y ante esto, me planteo: ¿cuántas posibilidades de éxito se quedan por el camino precisamente por esa falta de recursos y de políticas a la altura? ¿Ocuparíamos el mismo lugar en el medallero si aplicáramos políticas comprometidas, de verdad, con el deporte de nuestro país? Talento, desde luego, no nos falta.

Ahora trasladen este planteamiento a la juventud  de nuestro país. Verán que los y las Quijotes, no sólo existen en el deporte.

Según un estudio internacional publicado con motivo del Día Internacional de la Juventud (12 de agosto), más de un 42% de nuestros jóvenes no tiene esperanzas de encontrar trabajo en su primer año en el mercado laboral. Además, a pesar de que un 67% cree que tiene la formación necesaria, sólo un 12% piensa que eso le servirá para encontrarlo. Unas cifras que, en contraste con otros países de nuestro entorno europeo, delatan un pesimismo realmente preocupante.

¿Y está justificada esa negativa percepción de futuro de nuestra juventud?

Creo que para contestar basta con mirar algunos datos oficiales: La tasa de desempleo juvenil en España está por encima del 46% (en nuestra región esa cifra se eleva por encima del 54%). Y de los que trabajan, un 64% lo hacen con contratos temporales y un 28% sólo lo hacen a tiempo parcial.

Y todo ello sin hablar ya de la calidad del empleo, de los sueldos (brecha de género incluida), o de la cantidad de jóvenes que han emigrado de nuestra región, o peor, de nuestro país, para buscar las oportunidades que aquí son, en demasiadas ocasiones, remotas. Personas en el extranjero a las que además, se les dificulta su derecho al voto hasta niveles insospechados. Una realidad realmente desoladora a la se enfrenta “la generación más preparada de la historia” (como todo el mundo coincide en catalogarla) y que hace que los datos del estudio que antes mencionaba, todavía parezcan demasiado optimistas (Quijotes…).

Viñeta de Antonio Fraguas de Pablo, conocido como Forges

Todavía hay quien piensa que esta realidad que sufrimos es fruto, únicamente, de los 4 últimos años de gobierno del PP. Nada más lejos de la realidad. La falta de proyecto para nuestro país (más allá del modelo de ‘pelotazos’ inmobiliarios y de convertirnos en ‘el bar de Europa’) viene de muchos años atrás, también con los gobiernos del PSOE.

Nunca se ha visto una apuesta clara y decidida por cambiar el modelo de desarrollo para nuestro país. Desde los puestos de responsabilidad institucional, todo se ha basado (y se basa) en dejarse llevar por la inercia de las políticas que nos han traído hasta aquí. Los planes de empleo que se llevan a cabo, los programas de ‘facilidades’ para emprendedores y otras tantas iniciativas en las que a veces se invierte más en publicidad que en el objetivo principal en sí mismo, no son sino parches a un sistema decadente que hace que el presente que vivimos sea dramático y el porvenir, menos halagüeño aún.

Y es que la falta de estabilidad y la incertidumbre que sufre nuestra juventud hoy, hace que sea una verdadera quimera el pensar en un proyecto vital con ciertas garantías y a unas edades verdaderamente propicias para ello. ¡¡Sólo 2 de cada 10 jóvenes menores de 30 años puede emanciparse!! Con estos datos y teniendo en cuenta nuestra demografía, con una población cada vez más envejecida, ¿somos realmente conscientes de lo que esta realidad puede producir en generaciones venideras?

Hace falta audacia y valentía a partes iguales para revertir esta situación.

Audacia para plantear programas y políticas que supongan una alternativa real a lo que se ha venido haciendo hasta ahora, con propuestas concretas para cambiar el modelo de desarrollo de nuestro país y de nuestra región, que nos permitan explotar todo el talento de nuestra juventud y la experiencia de nuestros mayores, con el máximo respeto a los recursos naturales con los que contamos.

Y valentía de nuestra sociedad para dar el voto en sucesivos comicios electorales, a formaciones políticas que ya llevan en sus programas esas propuestas concretas de las que hablaba. Venciendo, con ese voto valiente y decidido, el miedo que demasiados dueños de medios de comunicación con intereses muy alejados de los de la mayoría de la población, intentan transmitirnos.

Sólo así podemos empezar a cambiar el presente de nuestra juventud. Sólo así podremos empezar a pensar en una región y en un país con futuro para la mayoría.

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