viernes 21.02.2020

A Vox no se le tolera, al neofascismo se le combate

Aviso a navegantes: quiero advertiros antes de continuar con la lectura. No esperéis en estas líneas ni una sola referencia políticamente correcta hacia este partido de ultraderecha. Siendo honesto, no me da la gana de seguir blanqueando una formación que, desde su fundación,ha seguido la senda activa de la destrucción y extinción de todas aquellas libertades que, con los años, la sociedad española ha ganado a pulso,con lucha, sangre, esfuerzo, humildad y, por qué no decirlo, con votos.

Hablar de “pin parental” no es más que otra manera eufemística de dulcificar aquello que no debe serlo bajo ninguna circunstancia. La censura social y educativa que han conseguido colar en Murcia, con la colaboración necesaria de sus socios del Partido Popular y Ciudadanos, no es más que la penúltima gota de esa estrategia salvaje de populismo, manipulación de datos, demagogia y mentira que permanentemente rodea a la formación, obligando así al resto a seguir su estela destructiva. A un lado queda todo aquello que es necesario, para dejar paso solo a lo urgente, a sus urgencias.

Como sociedad, no podemos seguir tolerando ni un minuto más a esta gente, por calificarlos de algún modo. Es inadmisible que sean ellos quienes marquen la agenda en esta guerra cultural a la que nos estamos viendo abocados todos los demás, intentando apagar un fuego provocado y constantemente avivado. A Vox hay que dejar de tolerarlo. Debemos ser abiertamente intolerantes con todos ellos. Si la desobediencia ante lo autoritario es un derecho civil, no debería serlo menos la manifestación de la intolerancia hacia un partido neofascista con ideario machista y nutrido en sus filas por verdaderos enfermos mentales, quienes piensan, por ejemplo, que en nuestros centros educativos y públicos se enseña pederastia, que consideran la homosexualidad una enfermedad o que el heteropatriarcado (el que todos ellos defienden y, lo que es peor, ellas también) se defiende evitando que nuestros hijos asistan a clases y actividades complementarias y extraescolares donde se les inste a penetrar a sus “hermanitos”. Por no hablar de ese pensamiento único donde todas las mujeres que no comulgan con ellos son una suerte de meretrices desequilibradas que secuestran niños y cuyo objetivo principal es el de querellarse falsamente en la Guardia Civil contra aquellos pobres hombres que solo quieren ejercer su natural y divino poder sobre ellas por razón de sexo.

Hay de dejar de tolerar todo esto. Carece de sentido y coherencia criticar con vehemencia a tipos indeseables como Salvini, Trump o Bashar al-Ásad, y, en cambio, empeñarnos, día sí y día también, en “tolerar” a los de aquí porque son los “nuestros”. Hay que cerrar ese paraguas absurdo que afirma que, como han sido “elegidos democráticamente” se pueden permitir el lujo de torpedear, de manera sistemática, ese mismo sistema democrático que les ha permitido estar ahí y decir las barbaridades y, por qué no decirlo, las gilipolleces que dicen a diario. Disponemos de herramientas para evitar esto: apliquémoslas pues. Esa misma ley, tantas veces enarbolada por la derecha, que permitió la prohibición de otro partido elegido “democráticamente” como Batasuna, puede volver a activarse para evitar que otro partido pueda, de forma grave y reiterada, atentar contra el régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o alimentar el discurso del odio. No podemos ni debemos tenerles miedo. Simplemente no hay que permitirles hacer y decir lo que hacen y dicen. No se puede admitir el ataque constante hacia todas las libertades de las que podemos presumir por todo el mundo: debemos hacerles frente de una vez por todas, de manera decidida y directa. Refutarlos con argumentos, con sentimientos, con símbolos, pero sin rebajarnos a su nivel. Sabemos que discutir con un imbécil es imposible, pues te llevará siempre a su terreno, y allí tendrán las de ganar siempre. Combatirles con la fuerza de la razón. Frente a su total ignorancia, se hace imprescindible un argumentario veraz y contrastado. Ante su discurso machista, más y más feminismo. Equidad e igualdad para desmontar sus argumentos de desigualdad. Contra la defensa de su heteropatriarcado, educación sexual científica en todos y cada uno de nuestros centros públicos. Defendernos de su racismo con manos tendidas y fronteras abiertas.

Es el momento de plantarles cara, no tenerles miedo.Y sobre todo, no darles una mayor repercusión de la que ya han conseguido. Si el Partido Popular ha claudicado ofreciéndose como altavoz para no quedarse atrás, será su problema, serán ellos quienes tendrán que gestionar esa disonancia. Nosotros no podemos ser cómplices de su ignorancia. Seamos quienes marquemos y protagonicemos la agenda sin dejar de rebatirles.

No van a pasar. Nos ha costado demasiado tener lo que tenemos, y aun así no con lo mejor que podemos tener. No lo tiremos por la borda.

No son nadie, son nada.

Desaparecerán.


Pablo Ortiz
Miembro del Comité Federal del PSOE

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