Jueves, 16 de Agosto de 2018 Actualizado: 23:51 h.

A propósito del máster fantasma de Cifuentes

En junio del año pasado hizo ya 20 años que conseguí mi título como diplomado en Educación Social. Tal y como está de devaluado el conocimiento universitario en España, puede no significar nada para mucha gente, pero para mí fue un reto personal y, sobre todo, un inmenso orgullo... Después de decenas de generaciones familiares, fui el primero en mi familia que alcanzaba el terminar una carrera universitaria, algo por lo que sentir un inmenso honor, por lo que me tocaba de esfuerzo y por el esfuerzo que otros hicieron para que yo llegara allí.

Padres y madres de padres y madres que generación tras generación conseguían ganar derechos y libertades. Pasos que se fueron sumando hasta que yo, el hijo, el nieto y el descendiente de todos ellos y ellas, llegué a conseguir lo que hasta no hace muchos años solo estaba reservado para las clases pudientes de este país, y que un gobierno socialista logró hacer posible que cualquier ciudadano pudiera tener las mismas oportunidades para lograr una titulación universitaria.

Después llegaron los títulos de experto, la formación específica, los artículos y la publicación de los libros, que de alguna manera minimizaron el gran logro que fue este diploma a título personal.

Han pasado 20 años, y el orgullo que siento por aquello es brutal. Un orgullo que se vuelve ahora mil veces intenso al pensar, leer y escribir sobre el trato de favor que dispensan algunas Universidades a políticos relevantes en sus cargos, pero irrelevantes en su ética. Cristina Cifuentes es un claro ejemplo de esto, y todo lo que está pasando a su alrededor en relación a ese máster fantasma, no hace sino  que destacar el sobre esfuerzo (personal, laboral, económico y familiar) que miles y miles de personas realizan a diario para poder tener una formación específica que les sirva para subir un peldaño más en la búsqueda de un objetivo legítimo.

Cifuentes es un cadáver político que no intenta más que mantenerse a flote en medio de una maraña de dudas. Ya no es creíble ni en sus argumentos, ni en sus actos, y tampoco en sus formas. Su situación es tan complicada que ya no sólo no convence a quienes tiene en frente, tampoco a los que tiene al lado. No tiene otra opción que dimitir. El Partido Popular de la Comunidad de Madrid había tocado fondo y su capitana, la que apareció como reformadora (¡e incluso republicana!), lo ha acabado de hundir.

Y mientras,  la 'generación Y' de los millennials que habitan bajo el genérico de Ciudadanos, agazapados esperando que la presa aguante la agonía, incumpliendo su propia promesa de regeneración política, siendo, como muchos, unos buitres esperando la muerte. Los buitres nunca matan, nunca se arriesgan, son carroñeros, solo esperan que les llegue el olor de la carne podrida para saber que ya es hora de comer.

Unos y otros, con sus actitudes y con sus pocas aptitudes ante el tamaño escándalo que estamos viviendo, no hacen más que resaltar el comportamiento de quienes legítimamente sí que cumplen con las reglas que para todos nos hemos dado, y a quienes quieren hacerlas cumplir en un sano ejercicio de progreso y de transformación.

Somos muchos los que nos hemos formado con gran esfuerzo sin trampas, sin mentiras, sin engaños y sin tratos de favor. Sirva el presente para poner en valor a todos ellos frente a quienes piensan que “todo vale” y que “cualquiera tiene un precio” en esto de la política.


Pablo Ortiz García
Secretario General del PSOE de Cabañas de la Sagra
Miembro del Comité Federal del PSOE