lunes 18.11.2019

El precio de los libros de texto o lo que de verdad importa

Comienza la segunda semana de septiembre y para muchas madres y muchos padres se nos hace tan cuesta arriba como el mes de enero de cualquier año. Empiezan las clases de nuevo y en estos días tememos más el listado de materiales y de libros que nos traen las y los niños, que a la factura de la luz después de un verano muy caluroso. Estas tardes las papelerías no darán abasto (por no decir las y los repartidores de Amazon…) y es seguro que cuando leas esto, ya estarás de empacho con las cientos de noticias, tertulianos, opinadores varios y entrevistas a pie de calle preguntando sobre si es muy cara la vuelta al cole y especialmente el precio de los libros... Y sí, que la vuelta a las aulas es muy cara, que piden demasiado, que no se puede cambiar todos los años de libros, que piden mucho material, y que después de vacaciones se hace muy cuesta arriba este gasto...

La educación del presente y del pasado, es una educación que abusa de lo intelectual, que mata la individualidad y que condena la creatividad. En pleno 2020, nuestra educación es ANTIGUA en muchos sentidos, pero especialmente en la utilización de los materiales.

Coged vuestros teléfonos móviles y comparadlo con uno de hace veinticinco años, o con un teléfono de hace cien años… Mirad el anuncio publicitario del coche más actual y comparadlo con el primero que condujisteis, y luego enfrentadlo con la foto de un coche de 1920… ¿Veis las diferencias?

Ahora entrad en Google y buscad una fotografía de una clase actual de 1º de Secundaria y mirad a la vez una foto de una clase de una escuela de hace cien años… a excepción de la ropa y del color de las fotos… ¡no ha cambiado nada!

En todo un siglo seguimos manteniendo las mismas formas y maneras, y a pesar de saber esto a ciencia cierta, educadores, pedagogos, políticos y responsables educativos siguen manteniendo que el objetivo de la escuela actual es preparar a [email protected] jóvenes para el futuro… ¿Qué futuro? ¿No será que [email protected] estamos educando en el PASADO?

La concepción actual de la “escuela” nació al calor de la revolución industrial con el objetivo de entrenar a la gente para trabajar en las fábricas de aquellos tiempos, lo cual explica que [email protected] [email protected] sigan sentados en filas rectas y ordenadas, sin interacción personal, viendo solo la nuca del de delante… cinco días a la semana, siete horas al día con veinticinco minutos de descanso para el bocadillo, donde solo se habla si pides permiso y te lo conceden, donde solo se opina de la materia que toca, donde solo se piensa de aquello que está regulado en los libros de texto… se les obliga a competir por una nota, por una calificación que determinará la calidad del producto final… ¿de verdad no os suena nada de todo esto?

Puedo entender esta concepción educativa-mercantil hace 150 años... ¿pero es necesario hoy, ahora?

En los albores del primer cuarto del siglo XXI no necesitamos crear zombis, ni borregos de pensamiento único. El mundo ha cambiado, la Inteligencia Artificial (IA) está cambiando el modelo productivo del conjunto del planeta. Es la hora de apostar por la CREATIVIDAD, por la INNOVACIÓN, por el ESPÍRITU CRÍTICO y por la INDEPENDENCIA.

¿Pero sabéis? A pesar de todo esto, a pesar de lo injusto que es, a pesar de que todo esto podría cambiarse y avanzar de verdad hacia una educación del siglo XXI, a pesar de la propia contradicción que manifiesto y de la que me hago cargo... Prefiero seguir invirtiendo en esos viejos libros, con todos esos inconvenientes, en vez de esos móviles carísimos que os empeñáis en comprar a [email protected] [email protected], cada vez a edades más tempranas...

Porque para pagar esas cantidades que valen no veo yo muchas quejas en redes sociales ni nada parecido. Casi todo el mundo pone la voz en el cielo porque los libros cuestan entre 200 y 400 euros, pero nadie, NADIE, pone reclamaciones en las web corporativas de Samsung, Apple o Huawei por pedir 500, 700, 1000 o 1200 euros por un móvil, y solo tenéis que fijaros un poco para descubrir que son esos terminales los que llevan nuestras y nuestros chicos. Chicas y chicos, niñas y niños a los que les preocupa más que se les rompa la pantalla, que el tener mejor o peor rendimiento escolar.

Igual es hora de volver a reinventar las prioridades... La verdadera inversión de futuro en [email protected] [email protected] es su educación, es lo que les hará libres, [email protected], [email protected] Lo que de verdad les dará oportunidades en una vida cada vez más complicada en absolutamente todos los aspectos. No reniego de la tecnología ni de su aplicación pedagógica, al contrario, posiblemente sea su mayor fan, pero esta tecnología no puede servir casi en exclusiva para aprender a editar videos en TikTok, monetizar Youtube, o ganar likes en Instagram. Centremos todo el poder que hemos aprendido en este campo con la educación, es nuestra obligación. Mejorarla y cambiarla. Trabajar dejando a un lado “lo común" para favorecer la individualidad. Por supuesto que las matemáticas importan, pero importan exactamente igual que la música, el teatro, el baile, la filosofía, la informática o la robótica…

Os aseguro que el porcentaje que se hará rico siendo youtubers o influencers es insignificante, pero les daremos más oportunidades si les enseñamos el camino de la IA, de las ingenierías, del diseño 3D, de la animación, o del mundo digital.

Trabajemos todas y todos para que lo urgente no sea el problema y podamos así centrarnos en lo importante.

¿O no?


Pablo Ortiz
Educador social y autor de 'Aprende a pensar con la familia más divertida de la TV'

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