Martes 23.04.2019

Las ventajas de tener principios

Como reacción a las mentiras del Partido Popular descubiertas la semana pasada respecto al número de asesores y asesoras de Presidencia del gobierno de Emiliano García-Page, quería escribir un artículo sobre las ventajas de tener principios. Un artículo positivo, inspirador, que animase a alguna gente a utilizar en su toma de decisiones diaria un criterio universal que les permitiese sentir satisfacción por su forma de actuar. Un texto que defendiese las virtudes de la ética, sobre todo en política. Algunos párrafos que explicasen los beneficios personales y mentales que acarrea el hecho de ser una persona recta. Unas palabras en defensa del cambio y la evolución permanente teniendo siempre claras las prioridades, lo que es aceptable, lo que se puede permitir.

El problema con el que me he encontrado es que estoy harto de que la gente mienta muy barato y no tenga ninguna consecuencia negativa, más bien al contrario. Que me he cansado de descubrir a gente sin escrúpulos manteniéndose en sus puestos pase lo que pase, da igual que se les encuentre corrupción, incapacidad o malos tratos. Que no aguanto más ver a gente útil, buena y responsable; ignorada por el mero hecho de no haber reclamado lo que les corresponde por méritos propios. Que me molesta observar que con demasiada frecuencia la falta de principios y de ética ensombrecen la vida pública, cuando las personas que tienen esos defectos deberían brillar por su ausencia.

Sin embargo, creo que tenéis que rebelaros. En vuestro día a día, aprovechad el enfado para reafirmaros y luchar con más fuerza. Seguid destapando las mentiras. Apostad por la gente recta, que quiere defender el bien común por encima de sus intereses personales, y defendedla ante propios y ajenos. Uníos a gente útil, buena y responsable porque todo se pega (menos la hermosura). Reclamad que quien no actúe éticamente debe irse. Proclamad que vivir conforme a unas reglas es lo que permite que convivamos en paz. Gritad, si hace falta, que no hay soledad en la defensa del bien y la verdad, y que no acaba nunca.

Al final, lo único que nos queda es la confianza. Confiar en que, tarde o temprano, quienes mienten, engañan o traicionan sufrirán al menos en parte el aislamiento. Que acabarán llegando a un lugar en el que no encuentren a nadie que quiera su compañía. Y sin embargo, habrá tortas por entrar donde estén las verdades, los principios, las buenas personas. En la puerta comprobarán quién ha llevado esas virtudes por bandera. Yo espero que me dejen entrar, creo que dentro la fiesta va a ser antológica.

Pablo Martín Calvo

Maestro y pedagogo

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