Domingo 21.10.2018

El feminismo será lo que nosotras queramos

Quedan escasas horas para el IV Encuentro Feminista en Gijón, Asturias, que tiene lugar este fin de semana. En los grupos de Whatsapp, de Telegram, en las redes se palpa la emoción de un encuentro feminista que marcará un antes y un después. Esa emoción trasciende nuestras fronteras; este mismo fin de semana en Italia, en Bélgica, en Alemania también se reúnen las feministas para hablar, debatir y organizar el 8M del año 2019.

Son meses y meses de trabajo de las compañeras asturianas y no asturianas, a las que todas las feministas, las que podemos ir y las que no, agradecemos su trabajo gratuito y sororo. Parece mentira cómo el trabajo diario une a pesar de la distancia: Pili, Eva, Mar, Marta y tantos nombres de tantas comisiones diferentes que no conocemos y que han invertido su tiempo y energía en que este encuentro marque otro hito histórico del feminismo en nuestro país. Me siento orgullosa y feliz de haber podido formar parte de Zaragoza, de Mérida y de Gijón, de haber aportado en las Comisiones de Comunicación y Redes todo lo que he podido, es una satisfacción casi imposible de describir.

Pero si hay una palabra que pueda definir este encuentro de Asturias, ésta es determinación. Las feministas estamos más convencidas que nunca de que estamos haciendo lo correcto. Da igual los kilómetros que se tengan que hacer; algunas mujeres van a cruzar literalmente la península para asistir al encuentro que marcará la ruta de la huelga feminista del año 2019 con una determinación envidiable.

Explicar cómo se ha llegado al punto de reunir a más de 600 feministas que teñirán de violeta una esquina de la península es complejo, creo que ni nosotras mismas somos conscientes de lo que estamos consiguiendo. Para empezar, es obvio que esto no viene de un día para otro. En los diferentes territorios y durante muchos años las mujeres nos hemos estado auto-organizando en asociaciones y colectivos, porque es psicológicamente insoportable seguir viviendo en una sociedad donde la mitad de la población somos vulnerables ante el mercado laboral, ante los abusos y violaciones, ante los asesinatos, ante la violencia institucional. Quizás no hacíamos el ruido suficiente, pero ahí estábamos con nuestra lucha poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, denunciando situaciones, creando espacios, ampliando el horizonte. Es casi intrínseco al movimiento feminista la necesidad de tejer redes entre nosotras, de manera que la bola de nieve fue creciendo sola: de nuestro municipio, a las compañeras de la provincia, de la región, etc. Una de las características más bonitas del feminismo es esa, la necesidad de crecer conjuntamente, de intercambiar y de luchar unidas. Los asesinatos por violencia machista constituyen, sin duda, una de las luchas centrales de nuestro movimiento. Hemos conseguido que los medios de comunicación de masas dejen de lado la “violencia de género” para llamarla “violencia machista”, hemos conseguido que cada asesinato se tome como un hecho político y no anecdótico-social, hemos conseguido que los nombres de las asesinadas no caigan en el olvido, recordándolas en concentraciones a lo largo y ancho del Estado todos los meses del año. Son asesinadas por un sistema social, económico y político que queremos cambiar.

Con una base sólida que se ha ido consolidando durante estos últimos años se han ido sumando mujeres feministas que, años atrás, no se habrían definido como tal. Aún así, si hay algo que une de manera compacta, inmediata y sólida a un movimiento es un hecho de injusticia, y así le pasó al feminismo en nuestro país. En los sanfermines de 2016 una joven de 18 años denunció una violación múltiple que había sufrido a manos de 5 hombres. Me atrevería a decir que la (inmensa) mayoría de las mujeres sabíamos de qué hablaba esta chica, porque ese miedo lo hemos vivido todas. La denuncia y posterior encarcelamiento y juicio de los violadores supuso un antes y un después para el feminismo en nuestro país. Esa chica denunciando no solo denunció en su nombre, sino en el nombre de muchas. La valentía que demostró dando el paso de no callarse supuso poner palabras a lo que muchas pensábamos y habíamos deseado que no quedara en el silencio. Su actitud valiente supuso la unión definitiva de todas las feministas que, más allá de debates internos sobre diversas cuestiones, aunamos nuestros esfuerzos y nuestra lucha en decir que ya estaba bien, que lo más básico que es nuestra libertad en los espacios comunes estaba siendo coartada. Este hecho supuso una concienciación colectiva del poder que tenemos para proteger y apoyar a una mujer, a una hermana; también nos sirvió para ver las fallas –que ya habíamos identificado- en todos los estratos y niveles de nuestra sociedad, incluido el judicial. Este hecho también supuso ser conscientes de que debíamos, más que nunca, salir a la calle y reclamar urgentemente que las cosas cambiaran.

¿Se habría producido el 8M de 2018  de manera tan masiva si no hubiera pasado nada en aquellos sanfermines? Probablemente sí, pero ese hecho sirvió para empoderar a muchísimas mujeres que hasta aquel momento no se habían emancipado de muchas cadenas del patriarcado. Durante meses, las manifestaciones de apoyo a la víctima de la violación fueron la mejor muestra de que existe una organización feminista a nivel nacional muy potente.

Primero fue 2017, después 2018, donde impresionamos al mundo entero tomando las calles en una muestra de reivindicaciones pacifistas pero no por ello menos categóricas. Muchos, y digo muchos intencionadamente, tuvieron el 8M de 2018 una bola en la garganta ante lo que estaban presenciando. Y ahora nos toca preparar 2019 con éxitos que afianzar y otros asuntos que mejorar. La internacionalización del año pasado necesita más atención para mandar un mensaje aun más contundente y también debemos incorporar de manera total el discurso antirracista, anticapitalista y decolonial, para lo que necesitamos a todas y cada una de las mujeres. La interseccionalidad es clave y aprender de las feministas comunitarias, afrodescendientes, gitanas, musulmanas, racializadas, etc., de sus luchas, necesidades, características es necesario y enriquecedor; todas tenemos cabida, todas las voces cuentan todos los espacios comunes para poder interaccionar con ellas deben abrirse de par en par.

No me cabe duda de que el encuentro de Gijón servirá para definir lo que todas las feministas necesitamos y reclamamos. Somos nosotras, sin paternalismos, sin control externo y sin manipulaciones de ningún tipo, las que hemos señalado y seguiremos señalando el camino. Este fin de semana será para recordar que la mitad de la población ha decidido tomar las riendas de sus propias vidas, que vamos con paso firme hacia la huelga feminista de 2019 y que no habrá piedras en el camino que puedan frenar la mejor y más justa de las revoluciones.

Compañeras, ahora sí que sí, es nuestro momento, ¡adelante y gracias a todas!


María Pérez Segovia
Vicepresidenta del colectivo feminista 'Las Quijotas'
Integrante de las Comisiones de Comunicación del 8M

Comentarios
x