martes 20/10/20

La feminización de la precariedad laboral

Esta es una de las conclusiones, de las muchas negativas y para la preocupación, que arroja el reciente estudio elaborado por Comisiones Obreras de Castilla-La Mancha: “Claves del mercado de trabajo en Castilla-La Mancha”. Las mujeres de esta región están peor tratadas, mucho peor, que los hombres. La precariedad laboral tiene rostro de mujer.

La brecha salarial, la tasa de paro, la de empleo, la parcialidad, todos son elementos negativos para las mujeres. Daré algunos datos: mientras los hombres ingresan por salario 17.404 euros al año, las mujeres 14.126; la tasa de empleo femenina está 17 puntos por debajo de la masculina; la de paro casi 8,5 puntos por encima; y la de ocupación parcial un 6,3% también por encima.

Todos y todas nos debemos rebelar. No es razonable ni justo que nos quedemos en la descripción de los datos y que la situación continúe sin cambiar. Se hacen imprescindibles campañas de divulgación y sensibilización a favor de la igualdad, para que deje de ser la gran olvidada. La crisis económica y la caótica situación política en la que estamos inmersos han hecho que la igualdad, -para algunos, no para Comisiones Obreras- caiga en el olvido.

Es nuestra obligación y la de los gobiernos actuar ante la desigualdad existente y no solo en el ámbito laboral, sino en la sociedad en general. Una grave problemática a la que no podemos dar la espalda.

Las mujeres han aumentado su incorporación al mercado de trabajo, si bien no podemos olvidar que los recortes en los últimos años en materia social han expulsado a muchas de él, obligándolas a volver al hogar para cuidar de descendientes y personas mayores.

En este acceso al mundo laboral los roles siguen siendo los mismos. Las mujeres tienen peores trabajos, con peores condiciones, con mayores trabas y con más dificultades para el ascenso profesional. Además, se han aprovechado las reformas laborales, -entre otras cosas- para impedir que la negociación colectiva incorpore los elementos correctores necesarios.

Para finalizar, quiero insistir en que no podemos quedarnos únicamente en la denuncia cada vez que se elabora un informe y después continuar con la vida como si no se pudieran cambiar las cosas. Estamos abocados y abocadas a la lucha constante por los derechos de la clase trabajadora y, en particular, de la consecución de un mercado laboral igualitario y sin discriminaciones. Pero para ello debemos actuar y los gobiernos se lo deben imponer como un objetivo prioritario. Esperemos que el Ejecutivo que se conforme tras las últimas elecciones generales, no lo aparque a un lado y no lo pretenda seguir invisibilizando.

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