Lunes 24.09.2018

Soledades interactivas: instrumentos de dominación psicológica

La última decisión del Gobierno Francés y las dudas más que razonables del Gobierno de Pedro Sánchez de llegar a prohibir el uso del móvil en escuelas e institutos, ha vuelto a abrir un debate que, sin duda ninguna, concita cierto grado de preocupación y análisis sociológico. Y es que, desde mediados de los 90, la irrupción de Internet, las Redes Sociales y su integración en todos los dispositivos de telefonía inteligente, nos han abierto las puertas de un mundo nuevo que propicia situaciones de comunicación antes impensables.

Las nuevas tecnologías han ayudado a que seamos capaces de ponernos en contacto con gente que vive en la otra parte del mundo, haciéndonos socializar con auténticos desconocidos, que más pronto que tarde, pasaremos a considerar amigos, sin que se haya producido más contacto que el meramente cibernético y que, indefectiblemente participarán de cuantas intimidades queramos dejar traslucir a través de las Redes Sociales o de los sistemas de mensajería instantánea, que tan de moda están en nuestros días. Pero...¿qué ocurre con la relación interpersonal con nuestro entorno más cercano? Porque sí bien es verdad que los avances tecnológicos de la comunicación del mundo globalizado, han servido para unirnos a personas lejanas, pueden igualmente ser el instrumento perfecto para separarnos de nuestro círculo social, de nuestras relaciones cotidianamente reales. Y en consecuencia, hacernos difuminar la línea entre lo real y lo virtual.

Planteado desde este punto de vista, la tecnología puede facilitar la comunicación de las personas con problemas de interacción interpersonal, ayudando a superar barreras hasta ahora infranqueables. Así personas carentes de amistades tan reales como tangibles, pueden adquirir un grado insospechado de popularidad dentro de foros, chats o herramientas de similar naturaleza. Pero, ¿es realmente beneficiosa esa popularidad? El mundo virtual que en principio, puede llegar a subyugarnos, haciéndonos permanecer horas pendientes de un Facebook o un Whatsapp que nunca llega, es en realidad un instrumento de dominación psicológica, que dificulta nuestra inserción en el mundo real, en el contacto que nos hace verdaderamente humanos y miembros de una especie que necesita de la socialización para garantizar su propia supervivencia colectiva.

Las redes sociales son pues, un arma de doble filo. Por un lado, a través de ellas podemos entablar relaciones y mantener contacto con nuestras amistades reales pero por otro, se pueden convertir en mecanismo de alienación, en el que observar con obstinación los acontecimientos que éstos nos quieren mostrar lo que puede generarnos un estado de apatía, al considerar que nuestra vida puede no ser tan apasionante como la del resto.

Por otro lado, el uso indiscriminado de los dispositivos móviles, de los que podemos desarrollar auténtica dependencia están dejando de lado el cara a cara, el concepto de comunicación vis a vis que se ve sustituido por una fría modalidad de mensaje de texto.

Es habitual, hoy en día, estar más pendientes de los mensajes recibidos que de la persona que se tiene enfrente. Las reuniones de ocio se ven constantemente interrumpidas por la consulta continuada de redes sociales, correo..., lo que nos hará inevitable caer en inevitables "soledades interactivas".

Desde este punto de vista, sin minimizar la importancia y el impacto que el buen uso de las Nuevas Tecnologías pueden tener en nuestra vida colectiva, creo necesario retomar el hábito de la comunicación tradicional como elemento esencial de la interacción humana, así como catalizador de las manifestaciones culturales y emocionales que nos engrandecen como sociedades.

“A mi amiga Liana Navarrete, que desde su atalaya parisina me acompaña en muchas de mis soledades interactivas”


Julio Casas Delgado
Maestro

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