Sábado 16.02.2019

Tsipras, el 'Príncipe' heleno

Heródoto citaba con especial mención a Temístocles y Aristides como dos de los principales representantes más prolíficos de la política ateniense, subrayando su astucia y sentido de la justicia. Salvando las distancias, ambos personajes nos pueden servir para dibujar una mínima representación de ellos encarnada en Alexis Tsipras y un eje común: la defensa de Grecia.

Desde que Syriza obtuviese la victoria en las pasadas elecciones en Enero, el nuevo Gobierno heleno ha tenido que enfrentar una auténtica “Odisea” donde cada avance acometido comportaba fuertes  y certeros reveses por parte las instituciones conocidas como la Troika (CE, BCE y FMI) con la connivencia del resto de actores y Estados del mapa político del euro. Entre la astucia y la desesperación, el Gobierno de Tsipras ha sabido durante un tiempo moverse con la astucia propia de un equilibrista en su resistencia contra la austeridad, el innegociable paquete de medias sociales (pensiones, recontratación de personas y ampliación de servicios) el apoyo a las clases populares y la disposición de alcanzar acuerdos para la prolongación del rescate económico, renegociación de los plazos de la deuda y  milimetrados ajustes en materia fiscal.

No obstante, una defensa sin posibilidad de capacidad de ataque corre el riesgo de terminar por agotarse. Síntomas de este agotamiento provocado por la constante asfixia económica y monetaria han sido las divisiones internas de Syriza protagonizada por el ala más izquierdista y la inflexibilidad de las condiciones de los acuerdos, debilitando los esfuerzos con ánimo de lograr y articular márgenes de actuación a pesar del ferviente y manifiesto apoyo de los griegos al Gobierno como muestra de solidaridad. Reinventar la estrategia es una necesidad imperiosa.

El resultado de esta caótica secuencia de acontecimientos ha conducido a la convocatoria de un referéndum, entregando el testigo a la ciudadanía griega: claudicar o rechazar el yugo ofrecido por los acreedores. El propio Gobierno de Syriza, Tsipras y Varufakis están promoviendo el ‘NO’ y los titulares que golpean fuerte en el entorno europeo apelan al default y al Grexit en su ánimo de desestabilizar. Campaña del miedo en estado puro.

Se trata nada más y nada menos que una batalla de ajedrez donde Tsipras y Varufakis ante el jaque de los acreedores ha optado por el enroque. Con la convocatoria del referéndum, Tsipras refuerza su imagen y liderazgo ante la población griega y unifica las tensiones en Syriza, volviendo a la estabilidad y la coherencia interna. Por ello tanta insistencia en promover el “NO” y la advertencia de dimisiones de Varufakis y Tsipras si sale el sí. Por otra parte, tal maniobra comporta desmarcarse de tener que adoptar motu propio cambios y ajustes contradictorios con su programa, sometiéndose a la voluntad popular. Los griegos apoyan fuertemente al Gobierno, como se ha visto, pero las encuestas daban este miércoles al “SÍ” un 47,1%  y un 43,2% al “NO”. Líder popular, leal a su programa pero acepta la voluntad de la ciudadanía. La prudencia como virtud del estadista. Maquiavelo siempre presente.

Las implicaciones de una salida del euro por parte de Grecia han sido analizadas y contempladas por multitud de expertos en diferentes ámbitos y la conclusión mayoritaria es la negativa ante este escenario. De ahí se infiere la reacción última de ofrecer mejores propuestas del FMI y a UE, la injerencia sutil y repentina de EEUU proclive a una mayor flexibilidad con Grecia e incluso a una “quita de la deuda”, en palabras del Secretario del Tesoro. Y es que aquí la economía no es la única lógica presente en el asunto. La lógica geopolítica y sus consecuencias a escala internacional.

Una salida de Grecia del euro abriría las puertas, por posición geográfica y pugna de poder, a Rusia y a China ganando un aliado instrumental frente a EEUU, sacando provecho de los recursos militares griegos (componente constitutivo fundamental de la deuda) y una posición estratégica clave para EEUU y Europa: zona de tránsito energético entre Europa y Asia, influencia en los Balcanes Occidentales y lo que se traduciría en la pérdida de un aliado OTAN, de bases militares y la desactivación del control sobre la zona del Egeo fruto de los conflictos entre Chipre y Grecia y su disputa por las reservas energéticas en aguas comunes, como analizaba hace dos años Thanos Dokos, Director General de ELIAMEP.

Otras consecuencias derivadas de Grecia como estado fallido resultarían en un potencial auge del nacionalismo y actitudes xenófobas y racistas (Amanecer Dorado), la expulsión de inmigrantes, descontrol fronterizo y crimen organizado gestionando masas de inmigrantes, aumento de tensiones con Macedonia, Albania y Turquía.

En definitiva, es un escenario poco alentador y peligroso. Tsipras ha hecho muestra de inteligencia política con audacia y versatilidad para configurar un terreno que le permita seguir defendiendo una causa justa a la vez que esgrime sus instrumentos para refortalecer las relaciones con las instituciones. El resultado del referéndum puede determinar efectos de gran impacto no sin grandes dosis de incertidumbre. Hasta entonces debemos aferrarnos a la cautela y observar desde una postura expectante.

Comentarios
x