lunes 23.09.2019

Claves para entender la desmovilización en Castilla-La Mancha

Pese a la simetría de las condiciones socioeconómicas y su impacto en múltiples territorios de nuestro país, únicamente encontramos fuertes pero pocos ejemplos de movilización determinante en estos momentos de fragmentación y ruptura. ¿Preferimos el continuismo de los actuales dirigentes y los partidos tradicionales?¿Nos supera el miedo y la impotencia?¿ O acaso no queremos asumir responsabilidades?

Nuestra región es paradigmática en este sentido y su análisis permite imaginar y extrapolar experiencias a otros territorios con grado de homogeneidad similar. Reflexiones sobre posibles y breves claves que apunten a la ausencia de movilización puede ayudar a realizar una lectura de esta realidad.

Escasez de mecanismos de participación

Desde una perspectiva comparativa, basta comprobar las páginas web de los principales ayuntamientos (de capitales de provincia y municipios más relevantes) para constatar esa carencia en lo que respecta a espacios de participación ciudadana, más allá de los Consejos locales, oficinas de atención ciudadana o secciones de colaboración y voluntariado con organizaciones como Cáritas y, en menor medida, asociaciones de protección de animales. La ausencia descrita sugiere un desinterés en procurar medios para estrechar el vínculo entre población y representantes. José García Molina, candidato de PODEMOS en CLM, hizo referencia a este hecho lamentando las mínimas cotas movilización ciudadana y, en concreto, de presencia de canales de participación.

Desnaturalización de organizaciones sindicales y falta de colectivos representativos

Tradicionalmente,  el núcleo donde se concentran la movilización y  el activismo es representado las organizaciones sindicales y la representación laboral. En las últimas décadas, las aspiraciones particulares e inmovilismo, acciones controvertidas, contribuciones al clientelismo con los grandes partidos y su mermada fortaleza en la capacidad de negociación han propiciado esa suerte de deconstrucción de la propia naturaleza sindical. Si los sujetos que acostumbraban a liderar la movilización fracasan en su labor de defensa y protección bajo una apariencia de complicidad con el resto de la “oligarquía”, tiene lugar la destrucción de las dinámicas de acción colectiva.

Asimismo, destaca la exigua y débil representación de colectivos vinculados al activismo y la movilización, diezmados por la opacidad institucional y falta de medios y recursos (si bien es cierto que se atisba un sugerente cambio en este aspecto con la PAH CLM, las manifestaciones contra el TTIP). Por tanto, los ciudadanos rechazan y se alejan de estos actores y no concurren con nuevos que resulten atractivos. Los movimientos sociales son espacios alternativos de participación política necesarios.

Los cambios se inician en las universidades

Las perspectivas de cambio tienen a priori lugar en las mentes, y quienes mejor representan esa afirmación son los estudiantes. La universidad, como matriz de movimientos estudiantiles, asociacionismo y colectivos culturales cumple un rol catalizador del pensamiento y de ruptura con el momento político presente. Abre espacios de discusión y de circulación e intercambio de ideas y opiniones. En definitiva, es fuente de pluralismo. En Castilla-La Mancha y en otras regiones y zonas, las universidades llegaron de la mano de la democracia (la UCLM se inauguró en 1982). Las grandes ciudades localizaban universidades con largo tiempo de vida y funcionamiento; con capacidad para ingentes cantidades de estudiantes y estaban dotadas de medios y recursos suficientes, aunque fuesen muy inferiores en número a las que ahora existen. Atraían estudiantes de zonas geográficas ajenas frente a la ausencia de las mismas en los lugares donde el desarrollo económico no permitía el asentamiento de universidades. Es importante considerar el hecho  de que el nacimiento de la universidad en nuestra región tiene lugar en un contexto en el que las condiciones sociopolíticas ya no responden a la necesidad de cambio y unidad popular. Es decir, no viene acompañada por una tradición organizativa ni asociativa, ni de experiencias previas que recreasen esa cultura política que motivase revueltas como en Madrid en las décadas de los años 50 y 60. Aquellos con acceso a la cultura pueden construir conciencia social.

La realidad rural y demográfica

La actividad en el territorio de Castilla-La Mancha se ha orientado fundamentalmente a la industria agroalimentaria, cuya mayor manifestación se concentra en la producción de vino y derivados. No había otro tipo de industria fuerte como en Madrid, Catalunya o Euskadi, ni fábricas grandes que reuniesen numerosos núcleos de trabajadores. Esto se expresa en términos de inexistencia de asociacionismo sindical, instrumentos de presión y de acción colectiva, así como de participación política. Es preciso sumar la pobreza, el hambre y la miseria a este fenómeno. Cuando las fuentes de riqueza son tan insuficientes, la población desplaza y canaliza todos sus esfuerzos en la supervivencia. Pese a la gran extensión de la región, el número y densidad de población contrasta fuertemente con su tamaño. Luego esa necesidad de supervivencia se traduce en el éxodo y migración a lugares donde era más factible la acumulación de riqueza, acotando mucho más esas posibilidades de movilización. Hoy en día, este fenómeno recoge el eco de tiempos pasados y nuevamente se reproduce. Castilla-La Mancha avanza en el desarrollo de su industria agroalimentaria y crece en otros sectores (aunque de forma más discreta) pero se ve fuertemente azotada por el fenómeno del ladrillo. La tasa de paro actual es de un 28,69 %. La población actual, 2.078.611 personas (en 2011, de 2.106.331). Esa migración, principalmente al exterior de España, afecta a la capacidad de acción colectiva y debilita el activismo y la movilización. Cuando no hay garantía de un mínimo de status de bienestar, otras preocupaciones pasan a segundo plano. “No se piensa sin la barriga llena”.

Déficit de información

La información perfecta, entendida como la circulación y facilitación de información a toda persona, representa un estándar mínimo para el funcionamiento de las democracias liberales modernas. Pese a la existencia de medios que contrarresten el silencio y la ignorancia sobre el conjunto de problemas y vicisitudes que suceden, su disposición, mejor dicho, su proyección apenas alcanza cuotas mínimas de audiencia, lo que conduce a otro problema: la falta de formación informativa. No hay por costumbre de actores relevantes en esta materia como las familias, las instituciones educativas y la prensa practicar una buena promoción de la información ni de formar al ciudadano a interesarse por ella, clasificarla, interpretarla o discutirla. Esta cuestión queda reducida a estos dos frentes abiertos. Basta con comprobar las encuestas de consumo y actitudes hacia los medios de comunicación para corroborar el ínfimo seguimiento que reciben, así como la valoración de la información. Una mala calidad informativa comporta desafección e indiferencia. Ignorancia, en definitiva.

La familia como sustento

Tras haber basado gran parte del modelo productivo en la construcción en la década anterior, nos encontramos con un relato de fuerte desempleo con jóvenes sin completar su formación y adultos de mediana. La familia  en estos momentos en España está cumpliendo tareas de salvamento para las personas. Pensionistas con muchas dificultades y obstáculos, logran abastecer hasta a 4 y 5 miembros sin ingresos ni ayudas y los asumen en sus viviendas. Aquellos más afortunados pueden recurrir a familiares vinculados a la actividad agrícola para intentar subsistir y compensar la situación. Lo interesante del sacrificio de las familias tiene que ver sobre el efecto que producen sobre la estabilidad social y freno para la histeria y la frustración. Si las familias no fuesen capaces de asistir a sus miembros más afectados, no sería difícil imaginar un escenario de mayores tensiones y violencia que amenazasen la paz social.

En conclusión, sin ánimo de mayor extensión, son varios factores (no los únicos) que deben ser leídos en conjunto, sus interacciones y efectos sobre la realidad que atraviesan los territorios de estas características. La movilización ciudadana debe servir para corregir los vicios del sistema político cuando este no es capaz de responder. La iniciativa autónoma no parece suficiente todavía, pero se presenta como necesaria la reflexión en torno a esta cuestión así como repensar las fórmulas  de participación ciudadana.

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