Martes 25.09.2018

Cine y cultura: construcción de una conciencia colectiva (I)

El cine puede entenderse como aquel espacio de interacción social donde se abren canales de comunicación  con el público. El contenido del proceso de difusión puede comprender mensajes, historias, pensamientos o reflexiones para distintos grupos o destinatarios así como para un sujeto universal como es la sociedad en forma de entretenimiento y espectáculo, esto es, el cine comercial.

Siguiendo el sentido derivada del mantra liberal que establece que el cine consiste en la fabricación de un producto fruto de la libertad expresión para el consumo del espectador, quien puede elegir entre su visionado o no, y razonar el contenido libremente, a pesar de la intencionalidad de la obra. Esta visión fundamentalmente mercantilista resulta gradualmente confusa e insuficiente para dar explicación a determinados fenómenos que suceden en la relación producto-destinatario al moverse en un plano paradójico: por un lado, reivindica al sujeto, lo subjetivo, como algo objetivo y relativizando su significación; por otra, destierra la función socializadora del cine como medio de comunicación de masas y la negación de fenómenos como la propaganda.

El cine y -en la última década con mayor irreverencia cultural- la televisión, son instrumentos funcionales a la producción de vínculos emocionales entre sujetos, capaces de articular agregados de grupos personas que compartan el mensaje, las creencias, valores o sensibilidades e introducir la categorización y clasificación de escenarios y sujetos a través de una obra fílmica: aquello que se conoce como el “imaginario colectivo”.

Se puede definir como el conjunto de ideas y representaciones que escriben un relato que ordena la realidad y produce lealtades para el sujeto colectivo, el grupo. La industria cultural dominante (Hollywood) y sus explotadores bien lo saben y por ello insisten en la transmisión de elementos que construyan esas cosmovisiones para que enraícen en la conciencia colectiva de sociedades o redes de sujetos. Es necesario señalar y matizar que la función socializadora del cine no es una simple ficción que puede funcionar como herramienta de propaganda que intensifique y extienda intereses privados al colectivo (Goebbels, El triunfo de la voluntad, 1935), sino que está conformado por un orden de componentes de observación que bajo determinadas circunstancias determinan y dotan de sentido a un hecho, lo invierten dándole carácter transformador de la mentalidad, el comportamiento y las dinámicas colectivas. Aquí la estética cinematográfica juega un papel crucial en su capacidad de abstraer al público, algo que entendieron muy bien el expresionismo alemán (Fritz Lang, Robert Wiene), Jean-Luc Godard (Le mépris), Pasolini, Antonioni o Fellini.

Películas como ‘Acorralado’ y las secuelas de la saga Rambo y en su versión de serie B, Missing in Action, protagonizada por Chuck Norris, Rocky IV, Dr. Strangelove, Uno, dos, tres, War Games’ o de la saga original de James Bond, aunque utilicen distintos tonos responden a una lógica de generar un relato global que identifique a la extinta URRS como el enemigo universal, escenificado su culpa y responsabilidad  de todos los males y la necesidad de combatirlo, en un contexto de Guerra Fría que cartografía la geografía política del momento en un sentido cultural: creación del enemigo exterior; enemigo público antagónico a la comunidad .

Atendiendo al impacto de los eventos históricos globales, un fenómeno de similares características ocurre con los metrajes de la II Guerra Mundial. Según fuentes de RT, una encuesta revela datos alarmantemente normalizados: cerca del 87% de los europeos creen que EEUU liberó a Europa del Nazismo cuando en realidad fue el frente del este (Rusia) el principio del fin de la Alemania Nazi. Hollywood con su potente maquinaria audiovisual escribe una narrativa capaz de asentar en las mentes una creencia que cancela la propia realidad histórica. Obras como como Salvar al soldado Ryan, Hermanos de sangre (TV), Doce del patíbulo, La batalla de las Ardenas o Paton son algunas muestras de esta expresión.

Por tanto, la historia personal o el propio argumento no es tan relevante para la el proceso de interiorización y asunción del relato. Otro ejemplo de socialización cultural y política por el contexto a través del cine y la pequeña pantalla se resume en la producción de filmes y series cuya temática versa sobre la “guerra contra el terrorismo” tras los atentados del 11S en películas como Four Lions, En tierra hostil, La hora más oscura, American Sniper, o series como Homeland  (tercera temporada) o ‘24’ dan sentido a las posiciones occidentales de combate agresivo contra el islam, sirviendo como argumento para intervenir en conflictos ajenos.

En conclusión, el cine y la TV como canales que de inserción del conflicto, crean y universalizan percepciones e identidades desde un plano estético y otro cultural exhibiendo elementos, factores y explicaciones atractivas más allá del sujeto individual para reforzar pasionalmente modelos con los que empatizar, validar u odiar, extrañando la realidad empírica por medio de la adulteración de lo sensible. A medida que una sociedad se complejiza, su cultura y sus medios de reproducción cultural se vuelven más sofisticados, lo que dificulta la tarea de descifrar significados y obtener conclusiones. Del mismo modo, existen medios y expresiones contraculturales dentro del género que impugnan las claves  de delimitación de estas representaciones colectivas. En la segunda parte de este artículo expondré una selección detallada de películas que ilustran la aplicación práctica de lo anterior y las tendencias contrahegemónicas al cine dominante.

“Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla” 

Alfred Hitchcock

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