Miércoles, 25 de Abril de 2018 Actualizado: 14:15 h.

Actualmente, estamos inmersos en un mundo globalizado donde la toma de decisiones no depende de una sola persona o del Estado como tal sino de todo el planeta. Los seres humanos, en esencia somos seres globales que necesitamos de los demás para poder sobrevivir al igual que los demás necesitan de nosotros para a su vez, también poder hacerlo.

La sociedad del siglo XXI se encamina a un cambio colectivo, a un cambio de mentalidades y de formas de actuar de modo que, todo lo que hemos vivido hasta ahora está pasando a la Historia y cuanto antes nos demos cuenta de ello, antes nos adaptaremos.

Creo necesario que los cambios sociales, económicos y políticos se centren en las personas como conjunto y no como meras individualidades y para ello, todos vamos a ser necesarios para construir esta nueva sociedad que está llegando.

Tal es así que considero necesario que los partidos políticos de todo el mundo, entiendan que la manera que han tenido de actuar hasta ahora ya no sirven pues considero que cuanto antes tengamos conciencia de que éstos deben pensar de manera global y colectiva, antes podrán verse como una parte formando de un todo y no una parte aislada de ese todo, como ahora se percibe en los países europeos que por ejemplo, estamos viviendo las graves consecuencias de la crisis que estamos viviendo en estos momentos.

Siempre hay algo o alguien en la vida, que hace que tu manera de ver las cosas cambien y ese “algo” o “alguien” han sido los poderes fácticos (medios de comunicación, la Banca, Iglesia, etc.) los que han hecho posible que por ejemplo, hayan hecho surgir nuevas formaciones políticas en Europa que tienden más al sentimiento colectivo que al individualista. Tengamos claro que la forma que tiene el Partido Popular de resolver este asunto, es de forma presidencialista y sin embargo, partidos como PODEMOS actúan mediante los llamados “consejos ciudadanos”, donde la toma de decisiones se producen contando con el voto de la mayoría y no con la de una persona o un grupúsculo de esa formación política. Esta es la nueva forma de organizarse que tiene la sociedad y cuanto antes lo admita la llamada “vieja Política”, antes se adaptará al medio. No queda otra: o eso, o el viaje hacia una situación totalmente incierta.

Por ello, los que estamos en menor o mayor medida inmersos en el funcionamiento de los partidos políticos debemos aceptar el compromiso de cambio que nos está demandando la sociedad. Un compromiso que no puede quedarse sólo en el cambio de personas, de caras sino en el de los procedimientos de elección, de elaboración de listas, composición de estructuras orgánicas así como el funcionamiento de las mismas.

Considero necesario abordar conjuntamente los cambios necesarios en la Ley Electoral, donde no sólo nos quedemos en el sistema de listas abiertas sino también en que la elaboración de las mismas no sean responsabilidad única y exclusiva de las cúpulas de los Partidos sino de todos los miembros del conjunto de los mismos. Esto es, hacer una verdadera Política donde la participación ciudadano sea la base principal de la construcción de los sistemas democráticos, los cuales sean capaces de no supeditarse a lo que dicte la Economía, pues esta debe estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la Economía.

La palabra cambio a su vez, despierta la capacidad volitiva del Ser Humano esto es, para cambiar debemos querer cambiar las cosas pues todo cambio no viene por sí solo sino como consecuencia de la acción de un grupo de personas que a su vez, arrastren a toda la sociedad a ser partícipes de ellos.

Hablo del cambio que llega y es que, a corto plazo estamos viendo cómo por ejemplo en España, no tenemos ya ninguna mayoría absoluta en los gobiernos autonómicos y en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia no están siendo gobernadas por ninguno de los dos grandes partidos sino por partidos que han surgido de las plataformas ciudadanas cuyo origen reside en el llamado movimiento del 15-M. Quiero pararme precisamente en este movimiento con el cual fui en su día crítico puesto que consideré que éste era necesario y conveniente pero quedaría como un esfuerzo baldío si éste no se concretaba en una acción política que acompañara a la acción social que había surgido en las calles, dando sentido por tanto a esta última.

Recuerdo las palabras de mi madre donde siempre me ha dado un consejo: “la vida no es siempre blanco o negro sino que entre medias siempre hay un gris”. Tomando como apoyo esa sabia frase, me sirve para comprender que en la moderación está la clave para conseguir los cambios que necesitamos en nuestra vida y nunca en los radicalismos (tal es así que hasta los que pudieran percibirse como radicales, ya no son vistos de esa manera).

Hemos de encaminarnos hacia unos Estados inclusivos, comprensivos donde puedan convivir todo tipo de ideas, sentimientos, cualidades e identidades y es por eso, que el cambio en el caso de España y de muchos países europeos debe ser el del Federalismo. En nuestro caso, no sería más que darle una vuelta de tuerca más y además necesaria, al actual Estado de los Autonomías desterrando la palabra “problema” a la situación de territorios como Cataluña o País Vasco que son tan españoles como los demás pero que tal vez, tengamos que hacer todos un esfuerzo para llegar a un acuerdo donde la financiación de todos los territorios sea la más justa posible para todas las comunidades autónomas pues nadie es más que nadie sino que todos formamos parte de un conjunto llamado sociedad, llamado España, Europa y sobre todo, Mundo y es que el cambio que llega, va a exigir voluntades de todos, cesiones y concesiones para llegar a un entendimiento como ya pasara en España en la época de la Transición la cual ya se queda corta, como corto se queda nuestro modelo constitucional actual que necesita una revisión profunda para adaptarla a las exigencias que demanda el presente para poder tener un mejor futuro, teniendo en cuenta lo que hemos conseguido en el pasado contando con todos y por ello, todas aquellas decisiones importantes que impliquen cambio, deberán pasar irremediablemente por el dictamen de las urnas.

Por ello, no voy a hablar del cambio que llega sin más sino la sociedad que llega y que lo hace para quedarse para un largo periodo de tiempo donde el colectivo será el protagonista.