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Page toma posesión arropado por tres ministros y rechazando el "egoísmo territorial" del independentismo

S. Jiménez | 08 de julio de 2019

Emiliano García-Page durante su toma de posesión como presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Foto: José Ramón Márquez
Emiliano García-Page durante su toma de posesión como presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Foto: José Ramón Márquez
  • El socialista defendía, durante el acto institucional y frente a los comisarios de Pedro Sánchez, el espíritu de la Constitución del 78 como reconocimiento de "singularidades", pero sobre todo por su papel como impulsora de la igualdad de oportunidades.
  • Juró su cargo como presidente de la Junta de Comunidades prometiendo un modelo "en el que pueda sentirse cómoda la inmensa mayoría de la gente" y ofreciendo "más diálogo", "más pactos", "más cercanía" y "más moderación".

TOLEDO.- Luchar contra todo tipo de egoísmo, incluido el territorial en su versión independentista, es uno de los objetivos que se marca el presidente del Ejecutivo castellano-manchego, Emiliano García-Page, quien considera inaceptable ese "populismo" que "esconde una búsqueda de privilegios".

Así lo ha señalado durante el acto de toma de posesión del cargo como jefe del Ejecutivo regional que ha tenido lugar este sábado en el Palacio de Fuensalida de Toledo, sede de la Presidencia autonómica. Ante más de medio millar de invitados, entre los que se encontraban las ministras de Hacienda y Trabajo en funciones, María Jesús Montero y Magdalena Valerio, respectivamente, así como el ministro de Ciencia, Pedro Duque. Junto a ellos el delegado del Gobierno en la región, Francisco Tierraseca, y el presidente de las Cortes, Pablo Bellido, así como los expresidentes castellano-manchegos, José Bono y José María Barreda, también se encontraban entre los asistentes.

Un acto con el que García-Page quería dejar claro su compromiso con Castilla-La Mancha, pero también con España, no sin antes dedicar buena parte de su intervención a agradecer a quienes han hecho posible este segundo mandato -desde la familia a sus colaboradores más cercanos, así como a quienes han vuelto a confiar con su voto-, y recordar a quienes le hubiera gustado poder tener ayer a su lado, la que fuera su consejera de Fomento, Elena de la Cruz, y su compañero de partido Alfredo Pérez Rubalcaba.

Un discurso en el que situaba a Castilla-La Mancha como ejemplo "fiel" de lo que se pretendía en el 78 con la Constitución, "impedir que en España lo que era un problema histórico de singularidades", las cuales "hay que reconocer y amparar" -precisaba-,  fuese "una aspiración de igualdad, oportunidades y posibilidades". Algo que, subrayaba García-Page, es precisamente "lo que nos ha hecho crecer mejor que cualquier otro país de la OCDE".

En este sentido García-Page ha subrayado que los últimos 40 años han sido "los mejores" del país, que "puede tener otros 40 años igual de buenos, si queremos" y para ello, apostillaba, "tiene que querer la inmensa mayoría". Un objetivo para el que es fundamental "tener claro lo que somos" y "no dudar" de ello.

Pero no solo se refería a este pasado reciente del país, sino también al momento actual, en el que según García-Page es necesario entender que si los ciudadanos han dado "más votos a una política y a una forma de hacer política", lo que hay que hacer es "ofrecer lo mismo", en lugar de aventurarse.

Una situación de incertidumbre en la que se encuentra ahora el país y a la que no sabe si ayudará a resolver, en alguna medida, el resultado electoral obtenido en Castilla-La Mancha, donde los ciudadanos han vuelto a dar al PSOE la mayoría absoluta.

En este sentido, García-Page apuntaba cómo en España se ha pasado "del latifundio al minifundio político". Un sistema en el que la mayoría debe gobernar, al ser éste el "concepto básico de la democracia", aunque se deba elegir entre "una mayoría genuina o con anabolizantes", una mayoría de una dirección o una mezcla de minorías.

En este contexto el presidente del Ejecutivo castellano-manchego subrayaba que esta evolución la han pagado principalmente PSOE y PP, aunque reconoce que ha permitido alumbrar nuevas formaciones políticas que "han introducido algo de oxígeno". Una situación en la que "quien tiene las de perder, es quien obstruye las mayorías" y quien debe gobernar es "lo que dice la gente".

Pero además de ello, también en clave nacional, aunque del mismo modo aplicado a su persona, García-Page ha incidido en la importancia de saber "de dónde uno viene". En este sentido, ha recordado que "lo que sostiene el árbol no es el tronco, sino las raíces", elemento fundamental para mantener y dar vida a un país cada vez más dinámico y plural.

Incidía así en el papel de la cultura, del uso de un idioma universal como es el español que "te hace más grande", frente a quienes enarbolan una cultura que "encarcela y hace más pequeño", empobreciendo todo a su vez.

Una reflexión que hacía extensible también al contexto europeo en el que se encuentra España, un país que "hoy por hoy es el más europeo", ha considerado.

Por ello el presidente castellano-manchego ve urgente que en el país se "racionalice" que la diferencia real no es al que se establece entre el Norte y el Sur, sino la del eje Este-Oeste. En este sentido ha apelado a prestar atención a la "mentalidad peninsular" y mirar a las expectativas que se presentan mirando al Atlántico y al Mediterráneo, especialmente en materia de infraestructuras y comercio.

DIÁLOGO, CERCANÍA Y HONESTIDAD

Por su parte para Castilla-La Mancha lo que vuelve a ofrecer es "más de lo que hemos sabido hacer y dar" durante los últimos cuatro años, y que ha llevado a que la ciudadanía vuelva a depositar su confianza en él.

Confianza que se traducirá en "más diálogo", tanto institucional como social; "más pacto", tras haber sido la comunidad autónoma con más acuerdos firmados en esas ganas de ayudar; "más cercanía", lo cual considera "muy saludable" políticamente; y "más moderación", sin dejarse caer en "tibiezas ni conchabeos". Todo ello, aseguraba Emiliano García-Page, desde la "humildad" y la "honestidad" como exigencia personal.

Para ello augura un esfuerzo aún mayor que en los últimos cuatro años, en los que "las hemos pasado canutas" al no tener la mayoría -reconocía el presidente regional-, aunque "cada una de mis hernias tiene nombre y apellidos", precisaba.

No obstante, y ahora con la mayoría absoluta en el bolsillo, pero consciente de que esto no debe subirse a la cabeza, Emiliano García-Page vuelve a plantear un modelo en el que "pueda sentirse cómoda la inmensa mayoría de la gente", con un gobierno que "podrá equivocarse", pero que "nunca se va a levantar con la intención de hacer daño a nadie".

En este sentido volvía a incidir, como ya hiciera el pasado martes durante su intervención en el Debate de Investidura celebrado en las Cortes, en su intención de buscar el consenso. Una mayoría que en Parlamento aspira a que sea de 33 (diputados) y conseguir así "muchas unanimidades".

Finalizaba su discurso agradeciendo a todos los asistentes a la toma de posesión el "estar con la región", y especialmente a los ocho representantes de la sociedad civil -dos de las cuales, Dulcinea Ortiz y Dulcinea Ávila también intervinieron durante el acto- que, también desde el escenario, daban testimonio de este compromiso del Ejecutivo regional con la ciudadanía.

Agradecía de todos "su presencia y cariño", al tiempo que pedía la "ayuda" de todos, para trabajar por una sociedad en la que "cuando pasan las elecciones se dejan aparcados los problemas y todos se juntan" para conseguir lo mejor para esta tierra.

Un objetivo al que, aseguraba, dedicará su esfuerzo, "reconociendo a las dulcineas de esta tierra" y trabajando "para las dulcineas de mañana".

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