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Cien años del 'Motín de la Patata', la masacre contra quienes no podían permitirse comer en La Mancha

Eduardo Rubio Aliaga | 23 de abril de 2019

Placa de homenaje a los vecinos asesinados en Tarancón durante 'El Motín de la Patata', junto a una imagen de la crónica del diario El Sol. Foto: Máximo Molina
Placa de homenaje a los vecinos asesinados en Tarancón durante 'El Motín de la Patata', junto a una imagen de la crónica del diario El Sol. Foto: Máximo Molina
  • La protesta, que tuvo lugar en la localidad conquense de Tarancón debido a la subida de precios abusiva de alimentos básicos, fue impulsada por mujeres y secundada después por sus maridos, recibiendo como respuesta los disparos de la Guardia Civil.
  • El 25 de abril de este año es el centenario del trágico suceso, donde fueron asesinados diez vecinos y hubo una treintena de heridos por las balas, entre ellos niños, aunque nunca se asumieron responsabilidades políticas.

CUENCA.- El Motín de Tarancón (Cuenca) tuvo lugar el 25 de abril de 1919 en este mismo municipio manchego que, por aquella época, contaba con poco más de seis mil habitantes, convirtiéndose en uno de los sucesos más trágicos vividos en La Mancha en el primer tercio del siglo XX durante el reinado de Alfonso XIII.

Denominado popularmente como 'El Motín de la Patata', es necesario matizar que dicha atribución fue designada por el dramaturgo chileno Fernando Aguilera, quien puso este nombre a su obra, que representó en el año 2000, sobre el dramático acontecimiento taranconero. Pese a ello, cabe destacar que la patata no fue el principal alimento por el que se inició este motín, sino que su origen tiene lugar debido a la escasez de otros alimentos de primera necesidad.

Por otro lado, se le ha señalado como el último motín de subsistencia de España, pero vuelve a ser  un aspecto desafortunado, sabiendo que durante la Segunda República, Guerra Civil y primeros años de la posguerra estallaron motines en las zonas rurales y ciudades debido al hambre y artículos de primera necesidad.

La consecuencia principal por el que se iniciaron los hechos no fue otro que la neutralidad declarada por el Gobierno de Eduardo Dato ‑entonces líder del Partido Conservador fundado por Antonio Cánovas del Castillo‑ en la Primera Guerra Mundial (1914‑1918).

Una postura imparcial que provocó un incremento de la producción y el desarrollo en la industria, pero también en el campo, lo que supuso un verdadero despegue económico para toda la geografía española. De esta manera, los países beligerantes precisaban uniformes, armamento, carbón y metal, algo que España podía proporcionarles, pero un papel fundamental lo jugaron los alimentos, en concreto la producción cerealística.

Este desarrollo económico fue tan notable, pero a la vez tan rápido, que motivó una inflación en los precios de artículos de primera necesidad, algo que, unido a que los salarios crecían de forma más lenta, originó un clima de carestía que hizo estallar motines de subsistencia y huelgas, en este caso, protagonizadas por CNT y UGT.

Para historiadores como Manuel Sánchez Cortina y Ángeles Barrio el papel que jugó España en la Primera Guerra Mundial, a pesar de haberse declarado neutral, supuso la crisis del parlamentarismo, acabando con el bipartidismo y el sistema político instaurado desde 1875. Todo ello se convirtió en un cóctel de inestabilidad social que provocó la exaltación del espíritu político de las masas y un mayor dinamismo en el sistema de partidos.

DESARROLLO DE LOS HECHOS

Entre estos motines de subsistencia se encontraba el de Tarancón que, cien años atrás, a primera hora de la mañana de aquel 25 de abril, se inició como una pequeña protesta del vecindario en la Plaza de la Constitución contra los comercios y otros vendedores que decidieron subir los precios de diferentes alimentos de primera necesidad. Uno de estos alimentos fue la patata. Al inicio de la mañana la arroba se vendía a 4,25 pesetas e instantes después, debido a la gran afluencia de compradores se elevó hasta las 5 pesetas por arroba. Lo mismo ocurrió con otros alimentos como las hortalizas, cebollas, cereales e incluso el pan.

Este hecho propició la concentración, frente al Ayuntamiento, de un buen número de mujeres esperando comprar los alimentos del día, mientras sus maridos e hijos se encontraban trabajando en el campo. Ante aquella situación, el Gobernador Civil de Cuenca, Enrique Barranco, se trasladó hasta Tarancón con un destacamento de la Guardia Civil donde se reunió con el alcalde y los empresarios. Tras unas horas de negociación los comerciantes acordaron bajar un 25 por ciento el precio de los alimentos y un 40 por ciento los artículos de vestir y leña, por lo que el Gobernador Civil se marchó a Cuenca, dando por terminada dicha reivindicación y con la satisfacción de haber calmado el clima de crispación.

No obstante, al irse el Gobernador Civil, los comerciantes volvieron a subir los precios al importe anterior a la negociación, por lo que tras la llegada por la tarde de los hombres de sus labores en campo comenzó un tumulto que acabó con varios escaparates destrozados, algo que desencadenó una serie de disparos por parte de los comerciantes, con escopetas de perdigones.

Observando la creciente escalada de tensión, y a instancias del alcalde, el Primer Jefe de la Guardia Civil de la Provincia, el Teniente Coronel Carmelo Rodríguez con un grupo de cuarenta efectivos ordenó el toque de queda y, ante la negativa de la población de disolver el motín se ordenó abrir fuego contra los manifestantes en dos descargas de plomo. Los primeros en caer fueron dos Guardias Municipales que intentaban calmar los ánimos, uno de ellos muerto y otro gravemente herido. Queda constatado que los primeros disparos a los manifestantes fueron por parte de los empresarios, con escopeta y revólver en mano. La crónica del periódico El Sol, el 27 de abril, describe un panorama desolador, con un suelo de la plaza llena de heridos, mujeres y niños indefensos, además de los numerosos muertos.

Concretamente, el suceso tuvo un resultado de diez fallecidos y una treintena de heridos por los fusiles máuser de la Guardia Civil, revólveres y escopetas de perdigones. De los diez asesinados, uno de ellos murió al día siguiente por las heridas. Entre los fallecidos encontramos a Ángel Sánchez (Guardia municipal), Pedro García Gómez, Eladio González, Santos Díaz, Lucía Párraga Poveda, Ambrosia Ramos, Severa Moreno, Josefa Ramos y María de la Torre, mientras que los heridos graves fueron Julián del Burgo (Guardia Municipal), N. Alonso de la Torre (15 años), N. Martín (Albañil), Mario Martínez (24 años), Isabel Rodríguez (28 años), Basilio Córdoba, Epifanio Pérez, Celedonio Zamora, Tomás García de la Plaza, Benito del Burgo, Riánsares García Campos y Vicente Sánchez.

DÍAS POSTERIORES A LA MASACRE

Al día siguiente, tal y como relató el diario El Liberal, las consecuencias llevaron a un cierre total de los comercios y la gente decidió no ir a trabajar.  El silencio se prolongó hasta la noche, donde alrededor de las nueve era imposible ver a alguien pasear por la calle. La autopsia de los cadáveres se realizó con absoluta discreción y se estipuló una indemnización a las familias de los fallecidos con una suscripción de unos miles de pesetas. Finalmente, el 29 de abril de 1919 ingresa en la cárcel la familia y criados del comerciante Tomás Ruiz por ser considerado el causante del tumulto.

El 30 de abril de 1919 el Ministro de Gobernación, Antonio Goicoechea Cosculluela, explicaba en el periódico La Época la versión oficial del Gobierno y el resultado de las investigaciones, limitándose a repetir las palabras del Gobernador Civil de Cuenca y el Jefe de la Guardia Civil, sin señalar ni tan siquiera a un solo responsable político ni del cuerpo de la Guardia Civil que ordenó la masacre.

EL CENTENARIO

Respecto a la conmemoración de los cien años trascurridos desde la matanza, las diferentes actividades se encuentran organizadas por la Comisión 25 de abril, formada por familiares de los asesinados y diferentes colectivos del municipio taranconero, contando con el apoyo de la Asociación para la Memoria Histórica de Cuenca, con sede en el propio pueblo, que ya el pasado año instalaron una placa en homenaje a las víctimas del motín en la Plaza de la Constitución.

Así pues, se han preparado diversas actividades para no olvidar aquella experiencia traumática vivida en Tarancón aquel fatídico día 25 de abril de 1919.  La Exposición del Motín de Tarancón 1919, organizada por la comisión anteriormente citada y en el que colabora el  Ayuntamiento de Tarancón, se inaugurará el 23 de abril hasta el 5 de mayo en la Casa Parada. También está organizada la presentación del libro El pueblo, las subsistencias y el Máuser: El motín de 1919 en Tarancón del autor Herminio Lebrero Izquierdo. También se proyectará un documental el 23 de abril sobre el suceso y una obra de teatro titulada Tarancón 1919que se representará del 26 al 28 de abril en el auditorio municipal.

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