Sábado, 10 de Diciembre de 2016 Actualizado: 03:06 h.

Quizá me equivoque. Puede que incluso confunda deseo con realidad. Pero tengo la sensación de que en las próximas semanas y meses, las calles de nuestro país van a volver a llenarse de manifestaciones. El caldo de cultivo que veo, es cada vez más propicio para ello. Y las tragaderas de nuestra sociedad, por muy amplias que sean (como demostramos casi constantemente), terminarán por colapsar de manera inevitable.  

Por un lado, miles de votantes del PSOE desesperados con la situación que está viviendo ‘su’ partido.   Un PSOE que ya es capaz hasta de votar en contra de su propio programa y contra las peticiones de sus juventudes, como hizo esta semana durante el debate para reformar la Ley Electoral, impidiendo el sufragio a partir de los 16 años. La alianza que formaron junto con Ciudadanos y el Partido Popular en las votaciones del pleno del Congreso, hizo que no se aprobaran medidas como: eliminar el voto rogado que tanto dificulta (o directamente impide) que los nuestros puedan votar desde el extranjero, cambiar el sistema para lograr una mayor proporcionalidad en el voto, hacer obligatorios los debates televisados en campaña y permitir la expulsión de senadores/as imputados/as. Medidas, todas ellas, extremistas y radicales, claro está.

Esa misma alianza entre PSOE, PP y C’s será la que, en cuestión de días, facilite que el partido más corrupto de la democracia siga gobernando nuestro país. Mientras eso ocurre, podemos seguir ‘disfrutando’ en los telediarios de cómo nos han robado y se han enriquecido con lo que es de todas y todos: Gurtel, Púnica, Tarjetas Black… Y a la vez, escuchando a Mariano Rajoy y al resto de su banda diciendo que eso “ocurrió hace muchos años”. Así, sin sonrojarse ni nada.

Del mismo modo que vemos como las pensiones (que en demasiados hogares de nuestro país, ya son el único sustento) empiezan a peligrar porque han vaciado la hucha y en 2017 tocará fondo. Eso sí, no seamos alarmistas, que la ministra Fátima Báñez (sí, la misma que se encomienda a la Virgen del Rocío para salir de la crisis), le ha quitado hierro al asunto afirmando que las pensiones están a salvo gracias al crecimiento económico y al empleo que genera nuestro sistema. Un empleo cada vez más precario y con irrisorias contribuciones a las cotizaciones del Seguridad Social. Nada, estemos tranquilos.

Y no nos olvidemos de los recortes que quedan por hacer, que Europa está esperando y sabemos que el PP, otra cosa no será, pero obediente con Merkel, el que más.

Quizá cuando lleguen unas nuevas elecciones, por fin, muchos de los votantes entiendan que es necesario que cambien el destino de su voto para que, a su vez, en nuestro país las cosas cambien de una vez. Y puede, incluso, que otros, que no suelen votar, entiendan que también recae la responsabilidad en ellos y ellas. Pero mientras tanto, sólo nos quedará protestar para intentar frenar su sentimiento de impunidad.

Este próximo miércoles 26 ya tenemos una primera cita. En este caso, para defender la denostada Educación Pública. Contra la LOMCE, contra las reválidas y contra los recurrentes recortes que han hecho que las becas vayan a menos y las tasas a más. Unas políticas que provocan que los profesionales cada vez trabajen en peores condiciones y que cientos de miles de estudiantes hayan tenido que dejar la universidad.

Marea verde a la vista. Y será la primera de otras muchas mareas y marchas que nunca se han ido y que volverán con más fuerza. Porque son demasiadas las injusticias que denunciar e innumerables los motivos por los que revelarnos. Y mucho me temo que esto no lo va a frenar ni la Ley Mordaza. Eso sí, ya se encargarán los de siempre  de intentar desacreditar las manifestaciones y etiquetarnos a todos y todas los que participemos como violentos y radicales.

Me pregunto si echaran las culpas de todo lo que pase a partir de ahora a Podemos, como han hecho esta semana con el boicot en la Universidad Autónoma de Madrid a González y Cebrián. ¿Apostamos?