Sábado, 10 de Diciembre de 2016 Actualizado: 03:04 h.

Lo que debería pasar en el Comité Federal del PSOE

Hay quien me dirá que no he aprendido nada porque cuando expresas tu opinión alguien puede hacerte una cruz, y con una cruz a cuestas es difícil cambiar algo. Es verdad: no he aprendido nada. Así que allá va.

Las múltiples dimisiones han sido un error. Un magnífico error. Precedido de otro error aún más grande: forzar a todo el partido a elegir uno de dos bandos que no existen, hasta el punto de convocar un Congreso Express que no resuelve los problemas de división interna, sino que los acentúa. Las dimisiones no han conseguido evitar ese Congreso, así que han sido inútiles, porque no creyeron que César Luena le aconsejaría a Pedro Sánchez atrincherarse en Ferraz obviando la falta de apoyos de al menos la mitad del Partido, lo que a cualquier persona más o menos sensata le haría dimitir de su cargo y abrir una etapa de transición para encontrar una solución mejor.

Pero en política no vale con hacer análisis de la situación, sino que es necesario hacer propuestas de futuro. Lo que el Comité Federal mañana debería traer es un acuerdo que consistiese aplazase la celebración del Congreso Federal hasta después la formación de gobierno, formando hasta entonces una Ejecutiva de urgencia que de la actual sólo mantuviese al Secretario General y un equilibrio entre todas las sensibilidades del partido. El Congreso tiene que ser después de la formación del gobierno para que pueda ser realizado con calma y con una revisión profunda de las propuestas y el proyecto de país del Partido Socialista, que es evidente que hace tiempo que ha perdido el apoyo mayoritario de la ciudadanía. Y también para revisar los estatutos, quizá en un Congreso de refundación.

Para conseguir que haya gobierno, ese Comité debería explorar dos opciones: primero, que la Ejecutiva de urgencia explorase la posibilidad de un gobierno alternativo negociado exponiendo en público cuáles son las propuestas de acuerdo, con qué partidos se podría gobernar y qué números son los que se barajan. Si esa propuesta es viable, no incluye a partidos independentistas y encuentra respuesta afirmativa en el resto de partidos involucrados, adelante. Después, haríamos el Congreso sin calma, y con la oportunidad histórica de separar la acción de gobierno de la vida interna de partido para que el segundo no muera cuando se alcanza el primero. Si, como parece bastante evidente, ese acuerdo no se pudiese alcanzar, y Mariano Rajoy se volviese a presentar a la investidura, se debería negociar una abstención y pasar a la oposición, de manera que después de acabar con nuestro pausado proceso de Congreso y elección de nueva dirección, hagamos la mejor oposición que hemos hecho nunca en nuestra historia, transmitiendo un proyecto de país coherente y que llegue a la mayoría de la ciudadanía, para cuanto antes volver a gobernar el país y así poder ayudar a la gente.

Con esta opción, la Ejecutiva actual tendría que aceptar que no puede tomar decisiones de manera unilateral que dividen al partido, como es la convocatoria de un Congreso Exprés. Los miembros del sector que han protagonizado las dimisiones en masa cederían dejando que Pedro Sánchez no dimitiese de manera inmediata de su puesto. Ambas partes apartarían momentáneamente la cuestión del liderazgo, de la Secretaría General, por el bien del país y por el bien del partido.

No es una vía sencilla ni suficientemente explorada. Quizá no sea siquiera posible sin hacer una relajada interpretación de las normas internas del partido. Está entre medias de las opiniones expresadas esta mañana por Eduardo Madina y Josep Borrell, coincidiendo con el análisis de la situación del primero y las propuestas de soluciones del segundo (aunque él opine que ya no son posibles), por lo que no creo que suscite un gran apoyo. Pero creo que la solución pasa por una determinación de este tipo para evitar entrar en una guerra civil que dure demasiado y que nos aparte totalmente de la ciudadanía, que nos necesita, pero no nos esperará eternamente.

Pablo Martín Calvo es maestro y pedagogo