Sábado, 10 de Diciembre de 2016 Actualizado: 03:05 h.

La usura bancaria: nuestros ahorros, su botín

La sociología del consumo, derivada del Segundo Proceso de Revolución Industrial atraído por el surgimiento del fordismo y el taylorismo como fenómenos inexcusables de la producción en cadena, y la introducción del concepto de globalización que describen sociólogos como Castell a principios de los 80 de siglo pasado, hacen advertir e las arteras consecuencias que su progresiva implantación habría de traer sobre las estructuras sociopolíticas del mundo actual, de nuestro país y del comportamiento de consumidores en particular.

Si a comienzos del año 2000 el 97% de los intercambios mundiales eran de especulación financiera, la sola observación de esta idea nos ofrece una auténtica visión panorámica del peso que los poderes económico y financieros han tenido sobre los sistemas políticos de corte democrático, que en demasiadas ocasiones han cedido, en términos financieros, la integridad de su soberanía competencial en pro de entidades supranacionales controladas por entidades opacas de espurios intereses financieros.

En este contexto, después de los exacerbados beneficios que los gurús internacionales atribuían el crecimiento económico y la consiguiente creación de empleo (burbuja inmobiliaria incluida), el estallido de la crisis financiera global -provocada por los mismos que inflaron beneficios a costa de especulación-, puso en evidencia la escasa capacidad de reacción de los distintos gobiernos, conservadores y socialdemócratas, para hacer frente a un coloso de dimensiones insospechadas, que pone en un de los epicentros del engaño, a consumidores abducidos por agresivas las estrategias de marketing de las entidades financieras para colocar unos productos, cuya toxicidad vendría a repercutir en las depauperadas economías de los estafados consumidores: Gestcartera, Fórum Filatélico Lehman Brothers o las archiconocidas Preferentes de Bankia pueden reflejar el perfecto paradigma de los expuesto.

Con todo, la acción de los gobiernos, fieles capataces de los dictados de la élites financiera, en lugar de garantizar los derechos de los consumidores y de sus depósitos a través de mecanismos de intervención en las entidades bancarias,  fijó su prioridad en rescatar de la quiebra de la banca privada con ingentes cantidades de dinero público..

En estas circunstancias estafados consumidores, hartos de las corruptelas de un sistema viejo y viciado por las prácticas abusivas de los mercados y las engañifas del sistema bancario capitalista , que reducen la acción democrática de los gobiernos a meros títeres que bailan el agua a los leviatanes del sistema, el surgimiento del 15-M aparece como una bocanada de aire fresco para los ciudadanos y consumidores que, de una forma más o menos enfervorecida, intentan canalizar frustraciones y denunciar las ineficiencias de un establishment político y financiero, que se han resuelto ineficaces para anteponer la dignidad ciudadana a la mezquindad salvaje del capitalismo financiero.

Por ello, inspirados en los modelos descritos por Hessel, una nada desdeñable -acallada hoy por los mismos que la promovieron-, intentó ser la voz asamblearia de la calle para plantear que otro modelo de convivencia política, social, económica y financiera no es sólo posible sino necesario.