Viernes, 22 de Septiembre de 2017 Actualizado: 08:28 h.

¿Qué nos puede deparar el neoliberalismo en la era Trump?

El neoliberalismo, tal como lo hemos conocido, se instala en el mundo en los años 80 del siglo pasado de la mano de los gobiernos de Margaret Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan en los Estados Unidos. Hasta el año 2016, tuvo dos rasgos esenciales. En primer lugar, la hiperconcentración del ingreso y la riqueza en manos de muy pocos individuos. En segundo lugar, el predominio del sector financiero sobre la economía real. Un tercer elemento, tal vez menos significativo que los anteriores, es el de la proliferación de tratados de libre comercio (TLC), que cada vez tienen menos de comercio, y más de temas como los de la protección de inversiones y la propiedad intelectual.

En 2015 el banco Credit Suisse reveló que el 1% más rico de la población mundial concentraba igual riqueza que el 99% restante. Una situación inaceptable por donde se le mire. Un informe más reciente de Oxfam también muestra cifras de terror al respecto. Entre ellas destacan que  en 2015, sólo 62 individuos poseían igual riqueza que la mitad de la población mundial (unos 3.600 millones de personas). Estas cifras evidencian la escandalosa y creciente desigualdad en el planeta al establecer  la comparación entre la segunda década del siglo XXI y los 35 años de ascenso del neoliberalismo en el mundo. 

Respecto a los fenómenos financieros, de las doce grandes burbujas y crisis de las que se tienen noticia desde el siglo XVII, siete han sucedido con la expansión del capitalismo en la década de 1980. A excepción de la Burbuja de los Tulipanes Holandeses de 1636, las subsiguiente del Mar del Sur en 1720, del Mississippi en 1720, junto a la más conocidas crisis bursátil de 1927-1929 en los Estados Unidos que desembocó en la Gran Depresión de los años 30, las otras siete crisis financieras, desde la burbuja bursátil y de bienes raíces en Japón de 1985-1989, que precedió al estancamiento y la deflación en la economía japonesa durante los años 1990 y que continúa con idas y venidas, hasta la crisis financiera internacional que estalló en 2008 y que condujo a la Gran Recesión de 2009, sucedieron bajo el influjo del neoliberalismo.

Así, la mayor incidencia de crisis financieras propiciadas por el neoliberalismo en el mundo es el resultado directo de la desregulación financiera, del libre movimiento internacional de capitales y del predominio del sector financiero en la economía, lo que genera grandes flujos de inversiones especulativas privadas cuando las cosas van bien, que súbitamente se transforman en pérdidas gigantescas que acaban socializándose cuando las cosas van mal.

Con relación a los TLC, con los que Estados Unidos parecen dispuestos a dejar colgada la vieja Europa, la pregunta es qué ha cambiado con la llegada de Donald Trump al Gobierno de los Estados Unidos. Lo primero que apreciamos es que la concentración del ingreso y la riqueza no sólo han continuado, sino que tienen visos de proyectarse en el futuro.

Sobre lo primero, el Gobierno norteamericano ya anunció la reducción de la tasa del impuesto a la renta corporativa de 35% a 15%, así como la reducción del número de tasas del impuesto a la renta personal de siete a tres, bajando la tasa máxima de 39,6% a 30%. Bajar los impuestos a los ricos es el expediente conocido de los neoliberales de los países desarrollados. Y sus resultados son harto conocidos: grandes pérdidas de recaudación, mayor regresividad (o menor progresividad) en el sistema tributario e impacto marginal en  la inversión privada. Con estas medidas, la mayor concentración del ingreso y la riqueza está garantizada.

Sobre el financierismo, Trump está removiendo la ley Dodd-Frank promulgada por Obama en 2010 para evitar que crisis financieras como la que estalló en 2008 vuelva a suceder. Además de incrementar los requerimientos de capital a los bancos, esta ley establece una clara separación entre banca comercial (que capta depósitos y coloca préstamos) y banca de inversión (que recibe fondos para inversiones esencialmente especulativas). Ahora nuevamente se permitirá la fusión de banca comercial con banca de inversión, y se relajarán las medidas regulatorias en el sistema financiero, creando así las condiciones para una nueva crisis financiera como la que estalló en 2008. De modo que el sector financiero seguirá predominando sobre la economía real, colocando a la economía global en una situación de vulnerabilidad frente a burbujas y crisis financieras. 

Donde sí habrá cambios es en la oleada de modificaciones en los referidos Tratados de Libre Comercio; Trump, tal y como comentado en algún párrafo anterior, ya ha liquidado de facto el Tratado Transpacífico (TPP), y está decidido a poner fin al TLC con México y Canadá.

Adicionalmente, el Brexit ha puesto en crisis a la Unión Europea, en la varios países empiezan a  manifestar su plácet en torno a una hipotética retirada de la Unión.

De modo que lo más probable es que, de aquí en adelante veamos un capitalismo neoliberal más concentrador de la riqueza (Estados Unidos representa cerca del 25% de la economía mundial), con mayores oleadas de exposición a crisis financieras, quizás con menos tendencia a la suscripción de TLC. Pero cualitativamente, si la izquierda de nuevo cuño no determina revertir definitivamente el capitalismo como modelo sistémico globalizador, tendremos más de la misma dureza neoliberal que ya conocemos.