Lunes, 11 de Diciembre de 2017 Actualizado: 23:54 h.

García-Page & The Amazing Dancing Bear*

"Pactar con el PSOE para intentar recuperar una cierta capacidad ofensiva que la realidad no da, me parece puro tacticismo e ir, a sabiendas, a un mal acuerdo que rebajaría nuestro programa y que agudizaría el conflicto con nuestra base electoral y social" (Manuel Monereo, 18/07/2017).

Decía el secretario general de Podemos en Castilla-La Mancha hace unos días: "no paran de reclamar [desde la formación morada andaluza] que los territorios tengan más autonomía a la hora de decidir, pero parece que desde Andalucía nos tienen que decir a los castellano‑manchegos lo que debemos hacer en nuestra tierra". Se trataba de propaganda. Todas las decisiones políticas de calado adoptadas por la formación en la región a lo largo del año han respondido al dictado de Madrid:

a) La defunción del Pacto de Investidura se escenifica seis días antes (26/09/2016) de la celebración del Consejo Federal del PSOE que culmina con la dimisión de Sánchez (31/09/2016). Hasta cinco días después no se formalizan las ‘razones’ que llevaron a tomar esa decisión.

b) El sorpresivo voto en contra de los presupuestos previamente negociados con el PSCM-PSOE se produce un mes antes (07/04/2017) de los resultados relativos al recuento de avales (05/05/2017) de las primarias socialistas para la SG de ese partido (22/05/2017).

c) El cambio de 180 grados hacia una aprobación de los mismos y la entrada en el Ejecutivo regional se consuma (13/07/2017) tras la inesperada victoria de Pedro Sánchez en las anteriores (y con el concurso -‘mediación’, dicen- de las direcciones estatales de ambas formaciones).

Se trata de tres movimientos tácticos, en sentidos opuestos, que únicamente responden a los cambios de la coyuntura política estatal. Los dos primeros estaban dirigidos a introducir presión en olla del Partido Socialista cuando el escenario probable era el caos, primero, y una victoria por estrecho margen del oficialismo (lo que hubiera partido en dos el PSOE), después. El tercero da media vuelta una vez constatado el nuevo mandato (‘giro a la izquierda’) de los afiliados socialistas al candidato vencedor: ahora “nos toca recuperar la iniciativa y colocarnos ante la opinión pública como los primeros afanosos/as, deseosos/as y obligados/as para con la construcción de un frente amplio ‘de izquierdas’ que barra, ahora sí, definitivamente, al PP del gobierno”. Más adelante, diferentes encrucijadas claves (shows mediáticos) servirán para revelar al electorado y, sobre todo, a los afiliados del PSOE, la verdadera cara (liberal, reaccionaria y restauradora) de la nueva dirección saliente. Y ello “a pesar de los denodados esfuerzos y buena voluntad prodigados por nosotros/as”, etc.: primero amor y luego odio, es decir, el ejercicio inverso al practicado en estos meses en Castilla-La Mancha. Esta inflexión puede producirse (según coyuntura) bien antes, bien inmediatamente después de las próximas elecciones autonómicas.

Así, una práctica política que oscila entre lo uno y su contrario, a golpe de cambio de coyuntura (y la coyuntura siempre cambia), es una práctica sin plan alguno, una mera acumulación de jugadas tácticas. Conviene no llamarse a engaño al respecto: no hay ningún plan o estrategia más allá de imaginar una hipotética implosión definitiva del PSOE convertida en el equivalente institucional de un repute de la crisis en lo social (y “a río revuelto, ganancia de pescadores”). Por eso no pasa nada por auto-enmendar la ‘posición’ ganadora en Vistalegre II: no eran más que motivos o vectores tácticos destinados a disfrazar como ‘estrategia política’ una disputa interna que remitía, realmente, a otros asuntos.

¿Y Castilla-La Mancha? Los compas que desconfían de las posibilidades de rentabilizar electoralmente en la región el cogobierno con Page tienen razón. Ya el paso del divorcio con la “mafia” (repetido por dos veces) al matrimonio con ella va a resultar de muy complicada digestión para el electorado: no hay storyteller profesional, aun suponiendo que contásemos con alguno, que pueda montar y vender a la opinión pública un ‘relato’ tal. En ese contexto, la traducción en (más) votos de una participación testimonial, a lo largo de un año y algo, dentro del gobierno monocolor de una organización que lleva más de treinta (1982-2011 y 2015-2017) mimetizándose con la administración pública autonómica, resulta harto complicada. No obstante, estos mismos compas se equivocan en una cosa: ese ‘control de daños’ ya ha sido muy seguramente calculado (fuera de Castilla-La Mancha). Y el resultado es simple: ‘donde no tenemos nada se puede arriesgar todo’.

En el tablero de ajedrez estatal en que se juega a la política, la formación morada castellano‑manchega es hoy un caballo (merced exclusivamente a que sus dos diputados son la llave de la gobernabilidad) pero en el mismo momento en que se convoquen elecciones pasará a ser menos que un peón. No somos más que un ‘grupo parlamentario’: no hay ni organización, ni cuadros, ni militantes y, por ende, tampoco arraigo social y territorial alguno. Hoy en Podemos Castilla-La Mancha ‘participan’ (desde su casa y apretando botones) el 0,2% de la población de la comunidad autónoma (menos de la población de Esquivias: 4.900 habitantes) y únicamente cuando los intereses de otras organizaciones de la región están también en juego: cuando no lo están la cifra se reduce a la mitad. El éxito electoral de esta protocosa (Podemos CLM) ha venido dado por el éxito/fracaso de la marca a nivel estatal: mientras que ésta ha subido, aquí también, cuando aquella ha descendido aquí también. Así que… si los shows nacionales se montan antes de las autonómicas y salen MUY bien se pueden salvar los muebles aquí; si salen sólo bien (o regular o mal) aquí moriremos. Pero da igual pues, visto desde Madrid, nos quedaríamos donde ya estábamos: con la misma proto-cosa (una aldea) y con todo (un Partido) por hacer.

Eso sí, si se aprovecha bien el año de Gobierno, se dispondrá de nuevos e importantes recursos controlados por las personas adecuadas de cara a pilotar el reseteo organizativo del 2020: la unidad orgánica estatal de las izquierdas en un Nuevo Partido a imagen y semejanza de la experiencia piloto catalana (siempre que Andalucía no se adelante y nos la monte, claro, etc., etc.).

En definitiva, la cuestión nunca fue si entrar o salir de un Gobierno de coalición (se entrará y se saldrá) sino para qué y en qué condiciones. Ninguna de las respuestas a ambas cuestiones nos ha pertenecido nunca a los miembros de Podemos Castilla-La Mancha. Y por buenas razones: los miembros de la nada (organizativamente hablando) no tienen ni obligaciones ni derechos a nada.


* “Simon Smith and the amazing dancing bear” es una canción de Randy Newman en donde el chico, dueño de un oso danzarín, se congratula de lo ‘legal’ y ‘maja’ que es la ‘gente’ y de cómo su espectáculo ha conseguido darles de comer a ambos gracias a su éxito entre la ‘gente bien’.