Miércoles, 29 de Marzo de 2017 Actualizado: 20:58 h.

Si de una razón nos componemos las españolas es, sin duda, la de encontrarnos en espacios diversos, siendo nativas de ideas dispares, defendiendo, seguramente, mismos anhelos. Pese a ello, se ha construido mediáticamente una bóveda de irrealidad que busca separar, fragmentar y crear una lucha de homogeneidades, frente a ese desdichado deseo de heterogeneidad.

Echando la mirada atrás en la historia de nuestro país, podemos observar cómo la construcción de nuestro Estado ha sido fruto de uniones con más o menos acuerdos, con más o menos disputas, pero componiendo en último caso una realidad plurinacional heterogénea. Es por ello que nuestra tarea debe ser dar solución a la conflictividad generada por la fricción de aquellos que no entienden la realidad y buscan homogeneizar el debate. La unidad debe ser disputada por lo plural, el entendimiento como unión desde la diferencia.

Por suerte, o por desgracia, la disputa de lo homogéneo frente a lo heterogéneo, de lo uno frente a lo diverso, lo hemos podido observar en la política de aquellos que faltos de proyecto su argumento es el repliegue en sí mismo, la cruda oposición que desplaza al entorno político a la vera del enemigo tras comprobar aquello del “conmigo o contra mí”. Este es un planteamiento que el Partido Popular domina muy bien, la idea del mandamiento o sermón como forma de aplicar soluciones, de excluir y no integrar, como entender el problema catalán como un “desafío secesionista” negando el derecho a decidir a las catalanas y apelando como un mantra a la unidad de España.

Esta pugna fue entendida en Podemos desde el inicio, la idea de incorporar y anexionar al que comparte aspiración de cambio desde su autonomía, siendo capaces de aunar a gente llegada de muchos sitios, votado en el pasado cosas diversas… como haría el 15M en las calles, en un contexto en el que la forma de ser radicalmente heterogéneos era ser profundamente homogéneos incorporando a gente de diferentes sensibilidades frente a la crisis orquestada por un bipartidismo en ruptura, fundamentalmente con una socialdemocracia incapaz de dar soluciones y un liberalismo conservador cargado de corrupción.

Con la apertura en 2011 de la brecha de oportunidad, tres años después, echó andar Podemos como herramienta de transformación social, con un carácter profundamente heterogéneo, transversal, innovador, esperanzador, de construcción de una realidad social nueva dando soluciones a problemas muy cercanos a la gente.

Podemos nació de la heterogeneidad, de lo plural y diverso, pero, a diferencia de lo que fue el 15M, se alejó de toda homogeneidad que dispusiera un tablero con todas las fichas en contra. Podemos fue y debe ser, una oportunidad de cambio, no un grito en la calle.
Quienes gobiernan temen que seamos útiles donde ellos no han sabido actuar, temen que busquemos cambiar nuestro país desde el espacio que llevan dominando décadas, temen que pongamos las instituciones al servicio de lo común.

No caigamos en el error, la protesta en la calle la capitanea la espontaneidad de la gente y la organización del movimiento social, ni partidos ni políticos. Nuestro lugar está dándoles apoyo no haciéndonos con su espacio.

Si caemos en la homogeneidad en nuestra política y nuestra organización perderemos todo, tanto que dejaremos de ser lo que fuimos. En Castilla-La Mancha si hablamos del trasvase para señalar a compañeros, si nuestro proyecto se basa en el número de castellano-manchegos de cada lista cuando algunos no lo son, si nuestros anhelos pasan por esperar a Madrid y no federalizar como hace Andalucía, Podemos pierde, la heterogeneidad desaparece.
No podemos ser lo que siempre hemos criticado, no podemos buscar mayorías aferrándonos a nuestra minoría, no podemos defender un proyecto ganador sin un profundo entendimiento de la pluralidad interna y externa, no podemos actuar como gruñones encuadrados en la esquina de un tablero, hacedores y poseedores de la verdad inquebrantable. La unidad. Lo uno.

Podemos debe ser la unión del deseo, la confianza de lo interno, la cercanía de lo municipal, la descentralización y feminización como motor social, y para ello debemos sonreír no fruncir el ceño, debemos ser amables no señalar enemigos, debemos ser integradores y no excluyentes bajo una lógica de familias, debemos construir territorio federalizando, dotando de autonomía y ampliando órganos con la gente del territorio donde nuestra región esté representada por la gente de los pueblos manchegos y castellanos.

Debemos encontrarnos en nuestros anhelos comunes y no personales, siendo capaces de estructurar una organización que se parezca al país que deseamos. No debemos ilusionar, debemos re-ilusionar a los que se fueron y a los que estamos y dotar de certezas a los que faltan desde lo plural, lo diferente, lo diverso.