Sábado, 10 de Diciembre de 2016 Actualizado: 03:04 h.

Avanzado ya el mes de agosto, toca, un año más, hablar de la vendimia. El vino es uno de nuestros sectores agroalimentarios más importantes. España es el país con mayor superficie de viñedo del mundo y uno de los tres primeros productores mundiales -disputándose la primera posición, con Francia e Italia, dependiendo de cada campaña-, con una producción media de más de 40 millones de hectolitros, más de la mitad de los cuales, se exportan, cada vez a más destinos de todo el mundo. Se trata, pues, de un sector muy importante desde el punto de vista macroeconómico, pero también desde una perspectiva microeconómica o social. Solo en Castilla-La Mancha hay más de 80.000 viticultores, y, cada año, se generan más de 9 millones de jornales, alrededor de un tercio de ellos en vendimia.

Pues bien, además de todos estos datos, todavía en 2016, el vino es un sector insuficientemente transparente, en el que se generan los precios de la uva o del vino, sin disponer de toda la información. Es cierto que en los últimos años se han producido algunos avances -exigencia de contrato de compraventa entre viticultores y bodegas o pago de la uva a 30 días- que ayudan a garantizar los derechos de los distintos eslabones de esta cadena AGROALIMENTARIA tan especial (se trata de una especie de cadena vertical-horizontal, incluso, transversal, principalmente en Castilla-La Mancha, en la que participan viticultores, bodegas particulares, cooperativas, elaboradores y comercializadores de mosto, e incluso, elaboradores de alcohol de uso de boca y destiladores de subproductos), e incluso, existe, a nivel nacional, un Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV) que aporta información de los mercados, fundamentalmente, de la exportación. Pero todo esto sigue siendo insuficiente.

La reciente creación de la INTERPROFESIONAL del Vino de España parecía que iba a suponer un aumento de la transparencia, básicamente porque la forma de calcular las aportaciones de las bodegas al fondo de promoción de la Interprofesional se apoyará en las declaraciones de producción y de existencias -en este caso, mensuales-, que deben realizar las empresas. Después de un año de puesta en marcha de estas declaraciones, todavía hoy desconocemos datos fiables sobre las existencias de vino y mosto en las bodegas. Incluso, la información de que se dispone es menos completa que la que existía en campañas anteriores. Evidentemente, cuando el sistema funcione, se tendrá más información, pero el sector no debe esperar más tiempo para conocer estos datos tan valiosos.

Y son valiosos, básicamente, porque la generación de precios en la compraventa, primero de la uva, y luego del vino o del mosto, se hace partiendo de la “información” sobre las existencias y la previsión de cosecha. El caso de Castilla-La Mancha es especialmente relevante, sobre todo porque representa alrededor del 55 % de la producción, entre 20 y 25 millones de hectolitros anuales, y absorbe casi toda la producción de mosto y alcohol de uso de boca, del país. Cualquier decisión que se tome en Castilla-La Mancha tiene, pues, un efecto muy relevante en el resto del sector a nivel nacional.

Y, año a año, a pesar de los avances en transparencia, siguen generándose incertidumbres, ya comentadas en cuanto a las existencias al final de la campaña y, fundamentalmente, en relación a las expectativas de cosecha. Para esta campaña, en Castilla-La Mancha, respecto a las existencias, los datos provisionales, a día de hoy, apuntan a un millón de hectolitros menos (hasta un total de unos 8 millones de hectolitros) que el curso pasado por estas mismas fechas, consecuencia del aumento de las ventas, sobre todo exportaciones, de los últimos doces meses, que ha permitido “deshacerse” de los excedentes que se generaron en la superproducción del año 2013.

Y, respecto a la previsión de cosecha, el verano ha sido muy movido; empezando, a primeros de julio, con rumores que apuntaban a una gran cosecha, “histórica” decían algunos y, acabando, a estas alturas, con la sensación de que se trata de una cosecha muy normal, en torno a la producción de la campaña pasada o ligeramente superior (entre 23 y 25 millones de hectolitros en Castilla-La Mancha).

Son cifras, sin duda, muy normales, que el sector es capaz de comercializar en los mercados internacionales, como se viene demostrando en los últimos años, acompañadas, a su vez, por cosechas cortas en el hemisferio sur y previsiones de cosecha normales en Francia e Italia. Por lo tanto, en ningún caso, deberían producirse tensiones que afecten a la rentabilidad de viticultores o bodegas, sino todo lo contrario. Esperamos, pues, una vendimia tranquila, en la que la generación de los precios y los acuerdos de compraventa se produzcan sin sobresaltos.

No obstante, no debe bajarse la guardia. Soy de la idea de que el vino es un sector que necesita del apoyo de la Administración. Y no solo a través de las ayudas del necesario Programa de Apoyo al Sector del Vino. También garantizando e impulsando la transparencia y planificando sectorialmente, en cooperación con los eslabones de la cadena ya comentados, para asegurar la rentabilidad de todos, a medio y largo plazo.

Por ello, en Castilla-La Mancha, hemos constituido una mesa permanente de planificación sectorial, reorientando la Fundación Castilla-La Mancha Tierra de Viñedos, hacia un planteamiento de Interprofesional regional que, ya esta campaña, permitió acordar líneas de actuación en caso de que la cosecha fuera muy superior a la media de los últimos años. Una cuestión que, como hemos comentado, no está previsto que suceda. El objetivo fundamental es prever situaciones complicadas y posibles soluciones cada campaña pero, principalmente, acordar planteamientos a medio y largo plazo para el sector.

Entre ellos, el principal, en este momento, es la necesidad de impulsar una mayor concentración de la oferta, apostando por la fusión o integración comercial de las cooperativas de la región. Para ello, en todas las líneas de apoyo en las que sea posible, desde la Consejería de Agricultura se va a priorizar a las empresas que den el paso de la integración e, incluso, a sus socios. Se necesita, sin duda, de una mayor concienciación por parte de empresas y agricultores que deben saber que, de esta forma, desde Castilla-La Mancha se podrá influir de manera directa en los mercados internacionales, condicionándolos, totalmente, en el caso de los graneles, el mosto o el alcohol.

Son los primeros pasos de una planificación necesaria, que no puede esperar más y que requiere de la implicación de la Administración que, sin duda, estará del lado del sector vitivinícola de una región que tiene un enorme potencial y que tanto puede influir, si se hacen bien las cosas, en los mercados internacionales.

En ello estamos. ¡Buena vendimia a todos!