Viernes, 18 de Agosto de 2017 Actualizado: 20:21 h.

Lo estoy desde mucho antes que dieras el paso la primera vez para ser elegido secretario general del PSOE en las pasadas Primarias. Casi de casualidad, te conocí gracias a una red social. Empecé a leer lo que escribías y me interesé por ti. Busqué información para saber quién eras y de dónde venías. Lo hice porque quería saber si llegado el momento, podrías ser ese político digno de mi confianza.

La verdad es que no me dejo llevar por nada ni por nadie. No soy un hombre de modas. En ti, busqué y encontré a un político diferente, un político de calle. Y fue en la calle donde pude comprobar que esos kilómetros que hacías en favor del Partido Socialista Obrero Español merecían mucho la pena, y creo que lo sigue mereciendo.

Yo no busco atajos. En política no los hay. No busco caminos fáciles ni sencillos, sino caminos que me aporten seguridad para llegar a la meta que todo socialista debe tener siempre: la radical igualdad de derechos de hombres y mujeres.

He visto en ti un cambio que estaba deseando ver en un político del PSOE y que hacía tiempo que, como muchos militantes, no veía: un cambio de izquierdas, sin volantazo ninguno, un cambio que de verdad dignifique la ‘S’ de socialista, pero sobre todo la ‘O’ de obrero. He visto en ti alguien capaz de dimitir para no traicionar la palabra dada a los electores. Pusiste por delante el compromiso electoral de decir ‘NO’ al Partido Popular (esa derecha que es infame para todos) y decidiste marcharte antes que quedarte “tranquilamente” en tu escaño, cobrando el sueldo de diputado.

Tengo que decir que el 1 de octubre de 2016 fue para mí uno de los peores días de mi vida, y algunos dirán que exagero, pero será porque no me conocen pues la política para mí es algo con lo que no sabría vivir. Me siento político de vocación y sobre todo de profunda convicción.

He de confesar que estaba esperando que de una vez por todas volviera a ver actos del PSOE donde se alzara el puño, se cantara de nuevo la Internacional y que, además, se diera verdadero protagonismo a la militancia. Gracias por querer a la militancia a tu lado. Gracias por hacernos sentir útiles y no sólo meros entes pasivos utilizados para pegar carteles, repartir programas o aplaudir en los mítines, cuyo único horizonte posible era ser concejal o, como mucho, alcalde de la localidad en la que estuvieses viviendo, cosa por otra parte es para mí realizar una función muy digna.

Recuerdo leer una vez la frase de que “en la vida lo importante no es ser importante sino útil”. Y es que tengo muy claro que el socialismo, ante todo y sobre todo, debe ser útil para así ser la verdadera solución a los problemas de las personas.

Y sí, digo esto porque no sólo es la candidatura de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, no sólo son unas primarias para elegir secretario general del PSOE, sino que este momento debe significar una magnífica oportunidad para reivindicar que ser militante es ser el único dueño del destino de nuestro partido. Y no, las primarias no son un invento del actual PSOE. Ya muchos años atrás se hacían primarias. Eran en tiempos anteriores a la Guerra Civil, y es que un PSOE que no sabe rescatar lo mejor de su historia, está condenado a que esa misma historia lo acabe fulminando para siempre. Justo lo que no nos podemos permitir.

Creo firmemente que este domingo 21 de mayo nos jugamos mucho más que la elección de un secretario o secretaria general ‑cuyo nombre sabemos y conocemos todos y de cuya frase “Francina, tú no has enterado: yo a éste, lo quiero muerto hoy” muchos no nos olvidamos‑ sino que además, se pone encima de la mesa qué modelo de partido queremos: un PSOE de izquierdas, moderno, del siglo XXI, no sumiso al PP y claramente diferenciado de los posicionamientos de PODEMOS pero sin que eso impida llegar a acuerdos y entendimientos con esta última formación política o, por el contrario, abandonar para siempre nuestra esencia, olvidar y hasta mancillar nuestra historia hasta desaparecer o, al menos, languidecer siendo un partido residual e inservible para la sociedad renunciando a ser palanca de cambio de la misma.

¿Y por qué doy tanta importancia a la militancia? Pues porque es lo que llevo defendiendo desde hace muchos años, sobre todo cuando leyendo los estatutos de nuestro partido descubrí que el secretario general era elegido por el voto delegado en vez de directo, que es como creo que debe hacerse, puesto que lo considero mucho más democrático y representativo y, además, porque estoy plenamente convencido de que el siglo XXI es el siglo de la gente, y decir eso, no es ‘podemizarse’ como algunos han querido hacernos ver.

Y a colación de esto, conviene preguntarse por qué nació PODEMOS y por qué nos ha comido tanto terreno. Mi respuesta a este respecto es clara: ha pasado porque hemos perdido nuestros valores, acercándonos a unas posiciones que nada tienen que ver con el socialismo. Probablemente podemos decir que hemos sido víctimas del liberalismo económico y político, llevándonos a un abismo peligroso que nos ha hecho ser irreconocibles incluso para nuestro propio electorado.

Es por eso que tengo claro que aquí se ha vendido a sabiendas la falsa idea de que las dos derrotas electorales en los dos últimos comicios generales son culpa de Pedro Sánchez. No. En política cuando un partido gana, ganamos todos, y cuando un partido pierde, perdemos también todos. No caigamos en ese error, no nos traguemos esa mentira, esa falacia que construyen algunos interesadamente para conseguir sus objetivos.

Tengo muy claro que un político de izquierdas debe parecerse a la gente que representa. Y aquí es donde hemos fallado los socialistas de España y de Europa, puesto que no podemos decir que somos diferentes a la derecha y después echarnos a sus pies dándole el Gobierno o adoptando posturas que nos alejan de nuestra esencia. Un político de izquierdas debe tener un pie en la calle y otro en el despacho, eso no puede olvidarse jamás.

Con la abstención, hemos traicionado el propio legado de nuestro fundador Pablo Iglesias Posse, el cual defendía que si aquellas fuerzas contra las que el socialismo lucha nos alaban, es que algo estamos haciendo mal. A fe que a día de hoy es así, puesto que no hay día que un dirigente del PP no alabe a nuestro partido.

Podría aquí enumerar muchísimas razones para votarte, Pedro. Podría deshacerme en elogios hacia el candidato pero no lo haré ahora ni lo haré jamás. No me gusta el culto al líder. Soy una persona que se considera de partido, pero de un sólo partido: un PSOE de la gente, al lado de la gente y que piensa en la gente, algo que sólo se puede conseguir si volvemos al rojo socialista, ese que es claramente de izquierdas.

Por eso y por mucho más, estoy contigo Pedro.