Domingo, 21 de Enero de 2018 Actualizado: 07:25 h.

Manos para la paz, manos para el diálogo

Viernes 13 de noviembre de 2015, día de San Diego de Alcalá, día por tanto feliz para mí y que sin embargo, se tornó de negro, de dolor y de llanto casi al acabar el día.

En la oscura noche de París, lo normal es encontrarse silencio o al menos poco ruido como en cualquier gran ciudad del mundo pero de pronto, un estruendo de balas irrumpe para sembrar dolor, rabia, sangre y muerte.

Muchos medios de todas las partes del mundo se hacen eco de la noticia, puesto que el terrorismo es un drama mundial, global. Es un desafío de vida frente a la muerte, de libertad frente al miedo, de grito frente al silencio macabro que quieren imponer seres que nada tienen de humano y sí de bestias indomables a las que se les debe hacer frente con toda la fuerza de la ley que nos permite la Democracia y el Estado de Derecho.

Es tiempo de hacer frente a este terrible drama que algunos califican de Tercera Guerra Mundial (ahí prefiero ser cauto y simplemente citar esto sin añadir nada más). No creo que la violencia se deba combatir con violencia, poniendo en verdadero riesgo la vida de mujeres, niños, niñas y hombres inocentes, que sólo quieren paz, pan y libertad.

Es momento de sentarse a hablar, de tomar decisiones como en su día se tomaron en España gracias a José Luis Rodríguez Zapatero, impulsor del Pacto por la Libertades y contra el Terrorismo suscrito junto al Partido Popular, encabezado por José María Aznar, que a su vez, era presidente del Gobierno en esa etapa. O de ese acuerdo más reciente impulsado por Pedro Sánchez y que fue recibido de buen grado por Mariano Rajoy, los cuales sentaron esas bases firmando el acuerdo en el Palacio de la Moncloa aunque, es un acuerdo abierto al que pido desde aquí se sumen absolutamente todas las fuerzas democráticas de nuestro país.

España y el mundo formamos parte de la globalización, y es por eso que hemos de asumir que este problema es todos los ciudadanos del mundo. No podemos caer en el lamentable error de poner por encima los intereses partidistas puesto que estamos hablando de proteger vidas humanas, y con la vida no se puede ni mercadear ni hacer juicios políticos. Eso no cabe, y quiero que esto lo sepan todos los actores políticos de España y del mundo.

Firmeza ante el terrorismo, firmeza para alcanzar acuerdos.

Las tibiezas se deben de acabar, y es que a cualquier ser humano de bien se le debe hacer ver que en este asunto se debe actuar de manera sensata, clara y sobre todo contundente, pero aplicando la ley sin confundir ésta con usar violencia para acabar con la violencia.

No es tiempo tampoco de reproches ni del “y tú más”. No es tiempo de acordarse de tiempos pasados para echar la culpa a nadie, pues los únicos culpables de toda esta sinrazón son los terroristas.

Me preocupa que se reproduzcan los hechos de la Edad Media cuando existían las Cruzadas, en las cuales el nombre de Jesucristo era utilizado como excusa para alzarse en guerra contra otros, por esta razón tampoco me vale que se use el de Alá para acometer estas atrocidades. Alá es grande pero en el corazón de los hombres y mujeres que saben que es un Dios de paz, amor y fraternidad; e inexistente en aquellos que utilizan vilmente su nombre para segar la vida de miles de personas que no estén de acuerdo con sus fanatismos.

Es por eso que considero que toca estar del lado de verdaderos políticos de Estado como Pedro Sánchez y hacer verdaderos ejercicios de responsabilidad y esfuerzos de entendimiento como los que nos va a tocar vivir a todos los españoles con casi toda probabilidad en los próximos años, donde Mariano Rajoy y el Partido Popular también van a ser fundamentales en la defensa de los valores de la vida, la paz, la democracia y de la libertad, puesto que tampoco hemos de poner nunca jamás en duda su lealtad y compromiso con este asunto. Sin duda alguna, también van a ser importantes, fundamentales e imprescindibles el resto de formaciones políticas como Ciudadanos y PODEMOS, puesto que aquí habremos de estar todos arrimando el hombro, no sólo para gritar contra el terror, sino para también participar de este pacto que nos lleve a alcanzar algo tan justo como es la paz y la normal convivencia entre todos los ciudadanos del mundo, pues esta es una lucha de todos los ciudadanos y no sólo de sus representantes. Por eso, considero necesario también que se tengan en cuenta todas las fuerzas democráticas, tengan o no representación parlamentaria, pues debemos llevar a cabo un acuerdo que sea integrador, y por tanto, incluyente y nunca excluyente, pues la paz y la libertad es la suma de todos los demócratas.

Restar un solo apoyo sería un flaco favor para todos los demócratas y es que, quiero dejar constancia de que quien escribe, no ha sido ni será jamás una persona excluyente, sino un ser humano que entiende lo inclusivo como factor de entendimiento necesario para llegar a alcanzar verdaderos acuerdos de Estado para que éstos tengan el profundo calado que merecen tener.

Los terroristas han querido callar nuestra voz y nuestras ganas de vivir sin miedo, pero ni nos han quebrado la voz, ni nos han infligido miedo, ni jamás conseguirán cortar nuestras ganas de alzar la voz, porque jamás tendremos miedo a enfrentarnos a ellos.

Estoy plenamente convencido de que es la hora de los valientes. Convencido de que no vale echarse atrás. Convencido sin duda alguna de que no hay mayor camino para la paz que la propia paz, como diría Gandhi, ya que no es tiempo pues para ponerle barreras.

También tengo meridianamente claro que hemos de girar en torno a la sensatez, la madurez democrática y darle un impulso a la vida social y política del mundo y es ahí, donde pienso también en que la Organización de la Naciones Unidas debe tomar parte para hacer posible políticas activas de diálogo para que la paz sea un hecho.

Hoy todos somos París. Hoy todos somos Francia, cuna de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, porque aunque el viernes 13 de noviembre de 2015 los terroristas islamistas segaron la vida de muchos inocentes, no caigamos en el error de hacer creer que el Islam o Alá es el problema, no. El problema, que además tiene solución, se llama fanatismo y radicalismo, y contra eso no hay mayor receta que la unidad y el amparo de la ley.

No puedo finalizar este relato sin mi recuerdo emocionado para las víctimas y para sus familiares, pues éste estará siempre presente, porque como todas esas personas inocentes, me siento hijo de la paz y la libertad, es por esto por lo que siempre alzo y alzaré mis manos para luchar con el objetivo de acabar con esta injusta, cruel y terrible lacra.